EL FLAMANTE MUSEO DE LA MEMORIA DE SANTIAGO DE CHILE
Las bibliotecas y los museos del mundo representan una discreta fuente de recursos para los documentalistas. Hoy en día, muchos museos encargan la fabricación de películas documentales o bien compran o alquilan nuestras películas para sus colecciones, igual como las fotografías, cuadros y esculturas.
Por ejemplo, el Centro Pompidou de París paga a los autores por las películas documentales que están en sus salas a disposición del público. El conjunto de las bibliotecas públicas de Francia (B.P.I.) también paga esos derechos. El Museo de la Memoria de La Plata en Argentina también lo hace. El Museo de Antropología de México lo hace. El MOMA de Nueva York lo hace. Los museos de los países de la Comunidad Europea lo hacen. El Memorial de Sao Paulo lo hace. En general, los títulos cinematográficos que componen la colección de un museo son adquiridos, igual como son adquiridas las otras piezas artísticas.
Sin embargo, el Museo de la Memoria de Santiago de Chile no paga nada. Solamente acepta las obras que los cineastas REGALAN… Yo me pregunto ¿por qué razón?... ¿Por qué tenemos que DONAR nuestros documentales?... ¿Piensan ellos que a nosotros nos sobran los recursos económicos?... ¿No saben que fabricar y vender una película documental constituye un esfuerzo tremendo en el mundo mercantil en el cual vivimos?
¿En nombre de qué principio tenemos que ceder nuestras obras? ¿Por qué causas en distintos círculos de América Latina se ha extendido la idea de que los documentales y otras formas artísticas no tienen valor material, sobre todo cuando se utiliza la coartada de los derechos humanos?... Yo pienso todo lo contrario: las películas sobre los derechos humanos tienen un valor económico mucho mayor que las otras. Y el director del Museo tendría que respetar esos derechos de autor, que es el único derecho inalienable que un artista tiene.
La puesta en marcha del Museo de la Memoria de Chile consumió fondos públicos. Los responsables planificaron y alzaron un edificio costoso. Compraron terrenos especiales. Organizaron un concurso internacional de arquitectos. Contrataron una brigada de especialistas. Formaron un equipo para poner el Museo en movimiento… ¿Entonces por qué se olvidaron de incluir en el presupuesto la ADQUISICION de obras documentales, de las cuales somos los productores y autores?... ¿Quién es el funcionario o cuál es el equipo que concibió este disparate?
El problema en el fondo es muy simple : cuando a un pintor no se le paga éste ya no puede comprar pinceles ni nada y viene el día en que ya no puede comprar comida, sobre todo cuando se hace viejo… ¿Cómo se generan nuevas ideas, nuevos proyectos, nuevas películas?... ¿de qué vive un documentalista que hace películas sobre la realidad --películas independientes--, si la mayoría de las televisiones, bibliotecas, universidades, liceos, escuelas y MUSEOS no les pagan?…
La idea de la GRATUIDAD llevada hasta el final significa el fin de una parte de la producción artística. El creador tiene que dedicarse a otra cosa para sobrevivir y abandonar su trabajo y convertirse en un “artista de día domingo”. Si un arquitecto o médico no puede vivir de su profesión es difícil encontrar otra actividad para la cual no ha sido formado ni siente vocación.
Toda obra artística es el fruto de un largo y meticuloso trabajo. Cada película consume mucha energía, tiempo, esfuerzo y sacrificios. Yo me demoré ocho años en terminar “La Batalla de Chile” y seis años mi último filme, “Nostalgia de la Luz”… Cristóbal Vicente tardó nueve años en terminar su obra maestra “Arcana”, Siete años consumió Macarena Aguiló para hacer “El edificio de los chilenos”, su primera gran película documental. Carmen Luz Parot lleva ocho años trabajando en otro proyecto sobresaliente. Etc.
Si estas obras no se pagan, una parte de la vida cultural desaparecerá. Al mismo tiempo desparecerá “el álbum de fotografías” de Chile, ya que el documental es eso. Dar la espalda al documental es despreciar el valor de la vida. Se destruye una parte de la casa que habitamos todos. El Museo de la Memoria debería dar el ejemplo.
©PG. editorial para
el catálogo de FIDOCS 2008