
Conversaciones con Patricio Guzmán
Por Jorge Ruffinelli
En 1993: De La Batalla De Chile a La Cruz del Sur
En su libro Plano secuencia de la memoria de Chile, Jacqueline Mouesca dice no sólo que eres el mejor documentalista chileno sino uno de los mejores en el mundo. ¿Qué sientes ante esa valoración?
Es de agradecer, pero no me siento en absoluto lo que ella dice. Hay un grupo pequeño pero importante de documentalistas en todo el mundo. Cada año aparecen obras extraordinarias.Por ejemplo acabo de ver Mother Dao, de Vincent Monnikendam, una obra asombrosa sobre la ocupación holandesa que sufrió Indonesia a comienzos del siglo.He visto Aire, un filme de Velu Wiswanadhan que describe la India sin palabras. He visto O Amor Natural, de Heddy Honigmann, donde un grupo de ancianos lee algunos poemas eróticos del escritor brasileño Drummond de Andrade.He visto Les feux de Satan, de Herzog, una película épica sobre el incendio de Kuwait.Cada temporada aparecen seis o siete obras maestras que te hacen sentir muy pequeño. En mi caso, te diría, hago lo que puedo.
La batalla de Chile es, en definitiva, un clásico. Otros documentalistas de talla hablarían de ella como tú de Les feux de Satan.
Te confieso que no me siento nada cómodo con ese tipo de valoración. Durante muchos años yo no sabía lo que era La Batalla de Chile. Incluso mientras la hacía, pensaba que no le iba a gustar a nadie, que era sólo para estudiosos, para iniciados. No tenía idea de qué valor universal podía tener. Con La cruz del sur pensé lo mismo, que no le iba a gustar a nadie porque era una cosa sobre religiones, una cosa de beatos y de místicos. No tengo una opinión tan positiva acerca de mi trabajo.
Insatisfecho como todos los innovadores...
He tratado de moverme en un terreno de búsqueda, de hacer una exploración. Como voy en este plan, me siento muy inseguro siempre. Al elegir esta suerte de temeridad tengo que aceptar también las equivocaciones.
-La rosa de los vientos, la única película de ficción que he hecho, fue un fracaso completo, salió fallida. Fue por tratar de hacer una película distinta y ser demasiado ambicioso.
-En todo caso, nuestra tarea principal es contar buenas historias, ojalá sin efectismos, sencillas y humanas, que hablen por sí solas, donde las imágenes te muestren la realidad, y nó a través de un locutor. No me gustan demasiado los documentales donde el locutor ocupa el espacio del relato y después se le cuelgan unas imágenes ilustrativas de todo lo que él dice. Tiene que haber un desarrollo cinematográfico, a base de personajes, y que el espectador mismo vaya extrayendo una conclusión. Pero esto que te estoy diciendo lo hacen todos, al menos los que yo pienso que son los mejores. Yo diría que en este momento hay un grupo de documentalistas que tiene un alto nivel y están renovando el género. También hay muchos cineastas de la “palabra”, cuyos textos tienen una enorme complejidad.