
Conversaciones con Patricio Guzmán
Por Jorge Ruffinelli
La batalla de Chile y su impacto de identificación
Volviendo por un momento a La batalla de Chile, ¿cuál es tu relación actual, personal con este documental? Especialmente cuando te identifican con él
Cuando eres joven y tienes la suerte de hacer una película de cierta repercusión, no sabes lo que ha pasado. Cuando eres viejo empiezas a entender un poco.Ayer y hoy, la gente me hace sentir demasiado el peso de La batalla de Chile.
-Yo creo que La Batalla es una película irrepetible. Tuve la oportunidad de encontrarme frente a una situación única y la filmé con ganas. Nunca más se va ha repetir eso.
-Luego convives con ella lo mejor que puedes. A mí me gusta La Cruz del Sur y sobre todo La Memoria Obstinada. Personalmente me ha costado mucho llegar a encontrar el lenguaje. Tengo mucha timidez, avanzo muy lentamente, y por último tampoco he hecho muchas películas. Ahora me siento mejor y no sólo para hacer películas, en fín.
-Hacer documentales es un trabajo duro y cuesta mucho hacerlos afuera de tu país, sin abandonar tu propia temática esencial, diría yo, el punto de vista principal que anima tu alma.
-Vale la pena matizar este tema. La mayoría de los colegas que he conocido estos últimos años, se mueven por idénticas razones, con un deseo apasionado de retratar la realidad de una manera que sólo la ven ellos adentro de su propia cabeza, llenos de subjetividad y, además, con grandes dificultades de producción, difusión y para qué decir de reconocimiento
-Poco importa tu orígen y tu temática en esta enorme similitud que tenemos casi todos los creadores de cine documental, sin duda eternos pioneros frente al asombro que nos produce la realidad.
-He tenido la fortuna de conocer a muchos maestros del género. Todos, sin excepción, me han parecido gente parecida, solitaria, tenaz, que se ha movido en condiciones adversas para crear el universo documental. Creo que los documentalistas somos unos marcianos terrícolas.
¿Cómo vives la ideología de los años setenta? ¿Es un peso del que liberarse? ¿Te has liberado de ese peso?
Depende mucho de tu capacidad creativa. Puedes haber estado metido hasta el cuello en un proceso político, y luego reciclarte depende sólo de ti,de tu capacidad de invención, de tu inquietud, de tu insatisfacción. Es una cuestión vinculada a tu vitalidad: hacer borrón y cuenta nueva y empezar de nuevo. Pero tampoco es cosa de renegar del pasado porque el tiempo es como una espiral. Hoy día siguen existiendo los ideales para mejorar la humanidad y los sueños de la utopía persisten.
De hecho, hay menos películas cuyo propósito sea la denuncia social y política. Parecen pertenecer a otra época o a otro estilo.
Una parte importante del cine documental de los sesenta y los setenta era “militante”.Casi todas las figuras atravesaron por la fase militante, como Ivens, Marker, Kramer, Shaffer, Kople, etc. También predominaba el cine “directo” de Wiseman, Drew, Maysles, Depardon... Hoy día algunos han cambiado, poco, mucho o bastante. Pero no quedan rastros del “directo” en estado puro y el “realismo” documental se ha enriquecido con innumerables opiniones subjetivas.
-Hoy por hoy, uno de los espacios de reflexión más sólidos que hay en el campo audiovisual, está ocupado por el documental, que se opone a la banalización de la cultura y se opone al desarrollo de una televisión para cretinos. La abrumadora mayoría de las obras documentales defienden hoy día la inteligencia y combaten la estupidez.
¿Te gustaría volver a filmar en Chile?
Sí, mucho. Cada vez que estoy allí se me ocurren varios temas y me “tira” la tierra y la gente. Siento una especie de confianza, una rara intimidad. Sin embargo los canales de televisión son muy conservadores y sienten pánico por la realidad. Durante nueve años de “transición y democracia”, ningún canal importante ha exhibido hasta hoy ninguna obra documental independiente que se refiera a los derechos humanos y los episodios más conflictivos de la historia reciente.
-Pero el clima que hay entre los colegas documentalistas es excelente. También el ambiente de las escuelas de cine es prometedor.
-En 1997, con la ayuda de una beca FONDART (una beca del ministerio de educación) más un grupo de jóvenes, fundamos el Festival Documental de Santiago de Chile, en la sala del Goethe Institut, donde hemos proyectado 192 filmes a lo largo de tres años.
-En la sección internacional estrenamos los principales nombres del documental universal, que los jóvenes chilenos desconocían: Nicolás Philibert, Claire Simon, Ulrike Koch, Claude Lanzmann, Johan van der Keuken, Alain Cavalier, Richard Dindo, Thierry Knauff, Sergei Dworzewoi, Marcel Lozinski, Víctor Kossakovsky, Jean-Louis Comolli, Heddy Honigman, Heidi Specogna, Robert Kramer, Sonia Herman, Denis Gheerbrandt,etc.
-En la sección chilena exhibimos obras de Pedro Chaskel, Francisco Gedda, Héctor Ríos, Carlos Flores, Ricardo Larraín, Lotty Rosenfeld, Lily Gálvez, Rafael Sánchez, José Román, Carmen Luz Parot, Daniel Evans, Pablo Salas, etc.
-En 1998 y 1999 extendí este mismo certamen a la ciudad de Bogotá y luego a España, a la ciudad de Málaga.