
Conversaciones con Patricio Guzmán
Por Jorge Ruffinelli
Una vocación temática muy clara
Tus años de vida en España, ¿no te han motivado para hacer cine “español"?
Hice una serie sobre El Siglo de las Luces, centrada en la figura del rey Carlos III. Me interesó mucho hacerla y filmamos en Madrid y varias ciudades europeas.Hice otras producciones para Televisión Española, México Precolombino, sobre las culturas maya y azteca; En Nombre de Dios, sobre la iglesia chilena que se oponía al regimen de Pinochet; y La Cruz del Sur...
Estas últimas dos películas, en relación a ti mismo, y debido a su tema religioso, ¿te hicieron recuperar alguna suerte de religiosidad, cierta o difusa…?
Yo creo que sí, principalmente en el aspecto social y poético que posee la religión. Creo que recuperé una actitud religiosa hacia la vida y que tiene su orígen en mi formación católica de infancia. En Chile, una parte de la izquierda proviene de un sector de católicos con consciencia social, que empezó en la época del gobierno demócrata-cristiano de Frei y que culminó con el gobierno socialista de Allende. Nunca sentí contradicción entre la religión y la política, porque el clero chileno de los años 60 convivía con los partidos marxistas de siempre sin problemas. Afortunadamente muchos obispos católicos parecían hombres de estado antes que otra cosa, como después descubrí que había, y muchos más, en Brasil.
-En Nombre de Dios muestra el valor de un grupo importante de curas y obispos chilenos en la defensa de los derechos humanos, en pleno regimen militar de Pinochet. En cambio, La Cruz del Sur describe el fenómeno reliogioso mismo, el valor de la religiosidad popular de América Latina. Trata de explicar que esta religiosidad es una especie de bastión donde encontraron refugio los hombres de hoy y las culturas antiguas. Me resultaba apasionante narrar la historia de América, tomando como hilo conductor la religión, desde los dioses precolombinos hasta las divinidades de Africa, por una parte, y por otra, desde Bartolomé de Las Casas hasta los teólogos de la liberación.
-Durante la filmación de la película, que duró casi un año, participé en varias ceremonias indígenas y africanas y tomé contacto con algunos jefes religiosos de las comunidades, siempre acompañado por varios curas católicos que se movían en la frontera de estos credos. Esta experiencia me conmovió y en cierta manera cambió mi modo de ser. Una de las razones más poderosas que me hacen amar el cine documental es que, a la vez, es una “práctica del conocimiento". Después de cada película, por modesta que sea, tu personalidad asume, vive, testifica una realidad que te cambia un poco a ti mismo.