
“EL CASO PINOCHET”
108 minutos (1999-2001)
SINOPSIS :
El martes 22 de septiembre de 1998 Augusto Pinochet fue detenido en Londres acusado de genocidio, terrorismo y tortura. Permaneció preso 503 días. Patricio Guzmán ofrece la palabra a las mujeres --víctimas del terror-- que por primera vez en 25 años son recibidas y escuchadas por un juez: Baltasar Garzón. En Chile otro juez profundizó el trabajo: Juan Guzmán. El filme fue estrenado en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes 2002. Fue exhibido en Francia con 15 copias (60.000 espectadores), España, Bélgica, Chile y México (80.000 espectadores).
FICHA TECNICA REDUCIDA:
Guión y dirección: Patricio Guzmán.
Asistido por: Camila Guzmán
Montaje: Claudio Martínez.
Fotografía y cámara: Jacques Bouquin.
Sonido: André Rigaut.
Consejera artística: Renate Sachse
Productor ejecutivo: Yves Jeanneau
Casa de producción: Les Films d’Ici.
Soporte de rodaje: DVCam
Soporte definitivo: 35 MM (1,85), DVD y Beta Digital Pal.
PREMIOS:
SEMANA DE LA CRITICA, Festival de Cannes 2001.
GRAND PRIX, Festival de Marseille, Francia 2001.
GOLDEN GATE AWARD, Festival de San Francisco 2002.
SELECCIÓN DE CRITICAS:
“De un lado el viejo dictador perseguido por la justicia. De otro lado sus víctimas, sobrevivientes y familiares de desaparecidos. Confrontando sus destinos, Patricio Guzmán rompe un cuarto de siglo de silencio”.
Jean-Claude Raspiengeas. Télérama, Paris 10. octubre 2001, no. 2700
“El Caso Pinochet” es un documental fascinante (...). Un homenaje grandioso a las mujeres, terribles narradoras de las torturas que han padecido. Difícil de hacerlo más excelente, más claro y más cautivante”.
F.T. Zurban, Cannes, 16 mai 2001, no.7
“Es el trabajo de un maestro de su oficio. El conocimiento de Guzmán de los ritmos y entresijos de la composición documental alcanza alturas emocionantes, y esto es así porque se percibe no mientras se ve la película, que entonces es pura transparencia, sino cuando una vez vista se rebobina y se proyecta en la memoria, y en la criba de esta moviola interior deja entonces ver la precisión y la minuciosidad de la orfebrería de su montaje, junto a la sorprendente fuente de emoción y de calor poético que hay en sus (exactos y por ello fríos) cálculos”.
Angel Fernández Santos. El País, Madrid 2001.
“Las primeras imágenes de “El Caso Pinochet” son las de un paisaje desértico. Sobrevivientes y jueces están buscando ahí pruebas, restos humanos, destruidos y escondidos aquí por la dictadura de Augusto Pinochet. Esta secuencia de apertura, tan seca como conmovedora, está a la altura de lo que va a ser la película: la lucha de los supervivientes contra la dictadura considerada (...) como empresa de olvido y desaparición. Contra esa fuerza de aniquilación, con seguridad sorprendente, “El caso Ponochet” revela una tras otra las pruebas tanglibles que confirman la catástrofe”.
Jean-Sebastian Chauvin. Cahier du Cinema, octubre 2001, no. 561.
(...) “El Caso Pinochet” narra la génesis de un milagro. Las imágenes preciosas de Guzmán permiten resolver un caso Pinochet que ninguna justicia examinará jamás, sin ninguna excepción”.
Michel Palmiéri. Elle, Paris, 8-14 octubre 2001, no. 2910.
“Construído de manera clásica alrededor de los principales personajes (las víctimas, los jueces españoles Baltasar Garzón y el chileno Juan Guzmán, en particular) “El Caso Pinochet” es un documental optimista que quiere creer en la justicia de los hombres. (...) Documentalista experimentado, el cineasta establece tal contacto con sus interlocutores que cada testimonio tiene enorme densidad. (...) Sin memoria, concluye Patricio Guzmán, un país no tiene futuro”.
Veronique Soulé. Libération, Paris, 10 octubre 2001
“Este escenario tiene un doble riesgo: limitarse a un montaje de documentos televisivos; o encerrarse en una retórica militante y compasiva. “El caso Pinochet” evita esos peligros. La construcción de la película está organizada por olas sucesivas, cómo vendas de la memoria, que se devuelven poco a poco... ¿Se sabían las cosas que ocurrieron después del golpe de estado? ...Sin duda se sabían pero la fuerza de la película es tomar este “saber” como insuficiente. De un pasado medio enterrado por los militares y por los gobiernos civiles vuelven a reaparecer los testimonios (...): las detenciones arbitrarias, la tortura, las ejecuciones en masa y el secreto que rodea los desaparecidos. Aquí interviene el segundo y principal logro de la película: aún si estamos bien informados, la presencia física de las personas concernidas produce una relación totalmente diferente. Las víctimas, con su manera de hablar largamente, de decir y de no decir, de vacilar, la textura de sus voces, igual que las facciones de sus rostros, encubren una fuerza indecible que excede el sentido (político, ético, afectivo) de lo que dicen o quieren decir. Esto es verdad también para Joan Garcés, compañero de Allende y animador del combate contra la junta. Solamente habla de procedimientos, pero su cara, su cuerpo, su voz, son como un canto conmovedor. (...) El encuentro entre el viejo dictador y Margaret Thatcher emana una violencia físicamente perceptible (...) Guzmán llega más allá del testimonio y más allá de la denuncia. Su película se convierte en la invocación de un mundo negro (el mundo del terror, del olvido) donde las tribulaciones del viejo monstruo corvado y astuto dibujan su huella en la superficie de la actualidad”.
J.M.F. Le Monde, Paris, 10 octubre 2001.