12) LOS AUTORES Y LA SUBJETIVIDAD

« LOS AUTORES Y LA SUBJETIVIDAD »


No vamos a hablar aquí de las virtudes creativas de los realizadores, sino más bien de la subjetividad y de la cuestión moral que está en el centro de su trabajo.

Ninguna imagen, ninguna situación, puede ser filmada sin alterar su estado original y por lo tanto la subjetividad se impone siempre[1]. Desde su aparición, las obras documentales han sido formas de representación y nunca «ventanas de la realidad».  Un documental no es una "fotocopia" de la realidad sino más bien una interpretación de la misma. El realizador es un testigo que participa y no es un observador neutral[2]. Estos enunciados, ya conocidos, que hasta hace poco eran el patrimonio de las élites de entendidos (realizadores, productores, críticos, periodistas) han pasado a ocupar el centro del «ambiente industrial» y también --con matices--, han sido aceptados por una parte de los difusores más poderosos, imponiéndose así el carácter autoral (y personal) del género.

Superada esta falsa polémica (objetividad contra subjetividad) ahora existe una mayor espacio de libertad para que los autores sigan defendiendo algo mucho más importante: el nivel ético del documental, es decir, luchar para que siga siendo un «instrumento de la ciudadanía»[3], un instrumento de «utilidad pública» (un derecho del ciudadano) contra las presiones que tratan de comercializar en exceso al género.

Recordemos que el documental se hace con personajes sacados de la realidad (que no reciben ningún salario), y que no están obligados a participar si no quieren. Para tomar algo de ellos hay que persuadirlos. Tiene que haber cuando menos una mirada generosa entre el realizador y su personaje y viceversa. Esta generosidad en ambas direcciones no se da con tal intensidad en los otros géneros cinematográficos[4]. Estos factores --la subjetividad y la ética-- están siendo debatidos más que antes. Es otro síntoma positivo de que el marco de análisis y apreciación del documental ha cambiado.


LA GRAN ASAMBLEA


Con un reconocimiento modesto (comparado con el mundo de la ficción), con rodajes muy duros, con temáticas complejas, los documentalistas se mueven con la energía de su vocación antes que nada. Están acostumbrados a los rigores de la profesión. Suelen formar algunas asambleas en Marseille, Lussas, Florencia, Sundance, Amsterdam, Bombay (los festivales más significativos del género).

Su fuerza radica en sus exigencias, que nunca han bajado de tono. Leamos un párrafo de su último "manifiesto" (1996) publicado en París:

¿Podemos admitir que los canales estatales gasten más de 600 millones en animadores «vedettes», más de 300 millones en celebraciones deportivas y solamente 47 mllones en el conjunto de los documentales? ¿No se compromete asi gravemente el patrimonio audiovisual del país?[5]

Defender el cine documental es defender la cultura. Muchas personalidades luchan por mantener este espacio en la televisión. Alain Touraine, por ejemplo, se pregunta:

«¿Es aceptable que la televisión, en particular la televisión pública, se deje arrastrar únicamente por la lógica del mercado? ¿Aceptaríamos todos nosotros que --después de 30 años--, los grandes edificios de nuestras ciudades sólo fueran la construcción de supermercados?»


EPILOGO


Es una tarea impostergable crear espacios de análisis, difusión, diálogo, exhibición, para nuestros propios creadores de documentales en América Latina y España, donde hay un importante número de autores de este género que merece más atención por parte de todos.

No debemos olvidar que, un país, una región, una ciudad, que no tiene cine documental, es como una familia sin álbum de fotografías (es decir, una comunidad sin imagen, sin memoria).

No me cansaré de repetir esta frase.

          

PG.
París, 1998. Revisado en 2002.



[1] Jean-Louis Comolli, Le Retour par le Direct, Cahiers du Cinéma Nº 209, 1969.

[2] Bill Nichols.

[3] «Si el documental es un instrumento de la ciudadanía, y en ese nombre debe ser defendido, quiere decir que donde hay dictadura u opresión está reducido al silencio. El cine doc. ayuda a tener menos miedo a lo real y debería, por todas esas razones, ser considerado algo de utilidad pública». Yves Jeanneau en La Production Documentaire, Ediciones DIXIT, París 1997.

[4] Yves Jeanneau.

[5]  La Lettre de la Scam, Manifiesto, junio de 1996, París.