15) ARDEN HOUSE

ARDEN HOUSE

Una breve introducción en 1979


Arden House es un bello pueblo rodeado de montañas y bosques húmedos, muy cerca de Nueva York, donde circulan pequeños arroyos cubiertos de matorrales.  En el año 1979 tuve la suerte de participar aquí en el International Documentary Seminar, una reunión de documentalistas de vanguardia, en su mayoría directores y productores estadounidenses y algunos pocos invitados extranjeros[1]. Una pareja de mecenas de la zona prestaba su fabulosa mansión (Arden House, en la cúspide de una colina) para que un puñado de documentalistas habláramos de nuestro trabajo. Fue la primera vez que, según me acuerdo, dicté una conferencia sobre “La Batalla de Chile”, explicando la situación chilena, los orígenes del proyecto, el método de filmación, sus limitaciones, etc. Estaba muy nervioso, hablaba muy rápido y el traductor no podía seguirme con calma. La exposición fue atropellada pero no aburrida, creo que salió bastante bien.

Algunos de los asistentes, sin embargo, pusieron en duda mi ponencia. No me creyeron del todo --o al menos sospecharon de mi--. ¿Cómo era posible –se interrogaron algunos-- que un equipo de tan pocas personas, algunas de ellas sin experiencia previa, hubiera podido hacer una película de esta complejidad de casi 5 horas?... Era una pregunta concreta, aunque ciertamente distraída, un poco fuera de lugar, porque yo había explicado durante varias horas seguidas, paso a paso, con muchos detalles, el trabajo de guión, de producción, de rodaje y montaje... ¿Por qué dudaban?... ¿Mis palabras no eran creíbles?... ¿Tal vez ellos estaban molestos con sus propios medios de comuicación, con sus diarios y sus revistas, que habían calificado “La Batalla de Chile” como un filme “espectacular” y “monumental”?[2].

Me sentí ciertamente desanimado a pesar de que Pedro Chaskel, mi fiel acompañante y mejor amigo de la época, me defendió muy bien --mucho mejor que yo-- en su calidad de montador. Un sector de la concurrencia eran productores muy hábiles de canales de televisión y no concebían trabajar con medios modestos o sencillos. En los años 70 algunas cadenas movilizaban equipos impresionantes. Me di cuenta de la diferencia que hay entre los documentalistas independientes y los canales poderosos. Fue un constatación agradable y a la vez inquietante, a causa del recelo de esos productores bulliciosos. En todo caso, siempre ha sido para mi un poco difícil hablar de esta película.

En la práctica, yo había empezado a explicar “La Batalla de Chile” mucho antes, desde la Quincena de los Realizadores del Festival Cannes en 1975 y 1976, cuando se estrenó la primera y segunda parte. El filme fue bien recibido. Pero no era fácil analizar la densidad de la obra ni tampoco su método de ejecución. Por otra parte, explicar el laberinto chileno desde el punto de vista político (e ideológico) era inalcanzable. Las personas que simpatizaban con la izquierda radical, en ese tiempo, no comprendían muy bien el experimento de Allende. Un proyecto democrático y constitucional como el de la Unidad Popular, para algunos, era descabellado. Además, la película misma era la prueba su fracaso político, pues las imágenes del golpe de estado eran suficientes, devastadoras y trágicas, (y que ponían punto final a la película) y por lo tanto clusuraban el proyecto ideológico. Era imposible, por otro lado, al menos para mi, explicar con más detalles la excepción chilena: una clase obrera disciplinada, unas instituciones estables, una iglesia tolerante, dos partidos de izquierda centenarios, fuerzas armadas sin tradición golpista. ¡Todo esto había que explicarlo en una introducción de media hora!… Desde luego, estos coloquios no eran una clase cinematográfica propiamente tal. Pero en “Arden House” era la primera vez que yo me atreví a ofrecer una suerte de exposición general de “La Batalla de Chile”.

Mucho más tarde, poco a poco, me transfomé en una suerte de profesor de esta película. Pero no de una manera clásica, sino informal. Causaba una buena impresión a buena parte de los alumnos pero, sin embargo, producía una impacto que llenaba de dudas a otros. Las clases iniciales empezaron en 1983 y fueron perfeccionándose poco a poco. Lo primero que descubri, con el tiempo, era que no era útil seguir hablando de “La Batalla de Chile” en público. Solamente si aparecía alguien muy especializado en cuestiones de América del Sur, entonces yo me refería a ella con entusiasmo. En realidad con “La Batalla de Chile” todos nosotros, los alumnos y yo mismo, nos poníamos a hablar de un “modelo”. Y en ese proceso descubrimos que era más práctico hablar de otros modelos en general, más concretos, menos simbólicos. Busqué otras películas que yo admiraba, de distinta procedencia, de distintos autores. En todo caso, era más ventajoso mostrar la producción de un grupo de películas. Era más complejo y además mucho más entretenido desde el ángulo formativo

 Siempre me ha gustado poner las cartas encima de la mesa, boca arriba, sin secretos ni complicaciones teóricas. Me gustaba y me gusta explicar la forma cinematográfica de manera transparente. Mientras más viejo uno se pone, más vislumbra uno que el lenguaje no admite una sola receta estable. No he descubierto aún un conjunto de normas terminantes, indiscutibles, para filmar, montar o sonorizar un filme documental. Siempre uno se topa con películas de gran calidad que contradicen las normas que uno daba por buenas. Además, el documental se mueve: cada temporada aparecen nuevos agentes narrativos que señalan caminos singulares. Hay un estilo inglés de hacer documentales, un estilo francés, un estilo ruso y una manera latinoamericana, etc., igual como hay una literatura alemana, una arquitectura japonesa, una pintura peruana ¡y todas en movimiento!

Mis clases están dedicadas a los amantes del género, tanto profesionales como amateurs. Aspiro a tocar el corazón artístico de un filme pero –especialmente-- poner el acento en la fabricación, la materia, los átomos, que dan vida a una obra. ¡No son clase teóricas! Son una exposición basada en la experiencia. No son tampoco una reflexión exclusiva sobre mis películas (vuelvo a repetirlo). Es un manual sobre los agentes prácticos narrativos en general. La teoría es importante y forma parte de todo aprendizaje artístico. Sin embargo, en este caso, el lenguaje documental se mueve de forma tan inesperada que una parte de esos análisis aparecen desfasados a pesar de su ambición.

Finalmente, mis ideas se inspiran en el cine de autor, en las obras conocidas como “independientes”. Nuestra inspiración viene de la más completa subjetividad. Hemos llegado a ser cineastas porque nos sentimos atraídos por el sentido poético de la vida. Admiro el trabajo que hacen los periodistas. Pero nosotros nos movemos en otro sector. Al escribir con estas palabras tan terrestres, tal vez consiga la complicidad de los cineastas que sienten pasión por la práctica.


Patrcio Guzman
París, Berlín, Santiago, 2013.


[1] Con el tiempo, este seminario adoptó el nombre de The Robert Flaherty Film Seminar.

[2] “Espectacular”, según Pauline Kael en The New Yorker; “Monumental”[2], según Kevin Thomas en Los Angeles Times.