19) UN BREVE RENACIMIENTO

¿UN BREVE RENACIMIENTO ?


El documental es el género cinematográfico (y televisivo) que más se ha desarrollado en Europa durante los últimos 10 años. Representa hoy día una apuesta económica importante en el complejo de la industria del audiovisual.

Historia, música, artes, política, biografías, ciencia, viajes, zoología... los filmes y programas documentales han elegido los temas más atractivos para la televisión. También puede afirmarse que han acertado  en las salas de cine.

Se está produciendo una profesionalización del sector « independiente », por primera vez. Se habla de una «explosión del documental» en Francia, Alemania, Bélgica, Suiza, Holanda y algo menos en Inglaterra.

Hoy día (en junio de 2002) la producción francesa alcanzó la cifra anual de 2.500 horas documentales. Aumentó casi 10 veces desde 1989, cuando se produjeron 292 horas[1].

En 1997 los canales estatales invirtieron 40 millones de dólares[2] y France-3 pasó a ser «el primer productor y difusor de documentales del país y que aspira a ser el primero de Europa»[3], según la opinión de su director. 

En el año 1996 había 230 casas de producción de documentales registradas en Francia. Una cifra engañosa, ya que sólo una veintena hizo la mitad de la producción anual. De cualquier forma, el funcionamiento de tal cantidad de productoras era enorme.

En septiembre de 1997, LE MONDE publicó: «el documental ha recuperado su standing gracias a las cadenas temáticas». El máximo responsable del canal « Odysée », confirmó la explosión del género en razón al interés manifestado por los telespectadores. Según el instituto TMO de París, el documental «ha conseguido ocupar el segundo centro de interés del público, después del cine de ficción y antes que el deporte[4] ».

Por su parte, « Canal Plus » de Francia tiene un presupuesto anual de 20 millones de dólares[5], bastante más que « Odysée ». Mientras otro canal temático, « Planète Cable », que nació hace dos años con sólo 25 mil abonados, hoy día cuenta con 2 millones de subscriptores. Se trata de buenas noticias, desde luego. Pero el tiempo dirá si la situación es tan buena como dicen los funcionarios.  


EL CANAL FRANCO ALEMAN « ARTE »

«ARTE» --la cadena pública de Francia y Alemania creada en 1992-- privilegió desde su fundación todos los géneros documentales conocidos, con una parrilla muy dedicada a la «no ficción».

Su programación está encabezada por  las tres grandes "familias" : reportajes, magazines y "documentales de autor", con mucha variedad temática (teatro, ópera, música, danza, sociedad, etc.), más los programas informativos. No sólo ofrece una selección casi ocupada por el documental "puro" sino seguida por otros programas que utilizan un lenguaje periodístico y documental que también ofrece a la venta una colección de video-cassettes (por correo y en las tiendas). 

Thierry Garrel, uno de los responsable de esta producción, ha dicho hace poco: « (...) los realizadores de obras documentales tienen hoy tal vez el papel que tuvieron los grandes escritores naturalistas como Emile Zola en el siglo XIX (...). Por ejemplo, Richard Dindo, Robert Kramer, etc., trabajando con la realidad, descubren unos personajes y unas historias que revelan las zonas oscuras del poder político y económico (...) ».  

«El documental de autor ha mostrado, en estos últimos años, una invención artística y de lenguaje que no se puede comparar con lo que pasa en la ficción. Una parte interesante del público --que ya no se puede negar--, está muy sensible a este fenómeno»[6].

          

UNA DEFINICION POLEMICA

El denominado «documental de creación» (o de autor) apareció hace diez años. Es una definición que surgió en Francia, en 1986, en el seno de una discusión de productores y realizadores independientes. Sin duda pretenciosa, esta definición NO fue el producto de una reunión de teóricos, sino el resultado de una tumultuosa sesión de cineastas.

Ese año --muy malo para los realizadores franceses, que tenían poco trabajo-- era necesario volver a definir el género documental para diferenciarlo de los reportajes y los magazines televisivos, ya que ellos y el Estado estaban negociando una nueva ayuda económica (que en realidad no era para los canales de televisión sino para los productores independientes[7] ).

Las discusiones fueron largas. Hubo opiniones para todos los gustos y alguien dijo que los documentales «eran siempre creativos» y que hablar de «documentales de creación» era una redundancia. Otros afirmaron que la única frontera visible era «la calidad» y que buenos documentales «ha habido siempre».

Sin embargo, en ese momento, había que distinguirlos de los magazines y de los reportajes --que también tratan la realidad-- pero desarrollan puntos de vistas periodísticos y no cinematográficos. La frontera era delicada y siempre se movía --se mueve todavía-- entre estos dos dominios[8] .

Hay muchos documentales «de creación», muy mal hechos, que se benefician del nombre y de las ayudas y también, a la vez, hay grandes reportajes de excelente factura que tratan sus temas de manera muy original y que no reciben ayuda. Esto es muy cierto (en casi en todas partes), para los casos excepcionales, aunque no es tan cierto para la generalidad del periodismo audiovisual.

La definición francófona, con todo, se afianzó y mantiene el mismo vigor que hace 16 años:

«El documental de creación trabaja con la realidad, la transforma --gracias a la mirada original de su autor-- y da prueba de un espíritu de innovación en su concepción, su realización y su escritura. Se distingue del reportaje por la maduración del tema tratado y por la reflexión compleja y el sello fuerte de la personalidad de su autor»  [9].

        

UN LARGO CAMINO

La mayoría de estos documentales de autor son obras muy lentas de filmar y de montar. Se calcula que el trabajo promedio de una obra de este tipo --de 50 a 80 minutos--  es de ocho a diez meses. Casi siempre están filmadas con equipos ligeros (realizador, operador, sonidista) donde es común que cada uno tenga que hacer de todo, sin grandes sumas para dietas ni hoteles (ni tampoco para salarios) donde una parte del presupuesto se reserva para una larga permanencia en los lugares de rodaje, o bien una filmación escalonada o un largo montaje.

Pero no son obras artesanales.

Si hay algo nuevo en esta materia es la profesionalidad que se ha alcanzado en el cine documental durante las últimas décadas. Muchas obras se filman en video digital y a veces se amplían 35 MM. O bien se filman en celuloide (preferentemente en Super 16 MM) y se terminan en Betacam, con un nivel de cámara, iluminación, sonorización, sorprendente, si lo comparamos con el de otras épocas.

El soporte no es decisivo (cine o video) ni tampoco el tipo de difusión (cine o televisión). Lo importante es el guión, la historia y los agentes narrativos. Es la calidad del tema, la fuerza del relato. Esto fue lo que terminó por afianzar este género (llámese de «creación» o no) en muchos países.

Sin duda, los buenos documentales actuales son obras con mejores recursos, pero la técnica no es lo principal, sino su manera de presentar, de narrar, de contar las historias (utilizando mejor el lenguaje cinematográfico). La consolidación de estos documentales elevó la categoría del género que abandonó el «realismo» y la retórica educativa de los primeros tiempos. Se trata de obras monográficas que no forman parte de «series» o «colecciones». Es un tipo de documental independiente, más maduro tal vez, que abandonó la forma "capitulada" de otras décadas (donde cosecharon tanto éxito algunas series británicas y norteamericanas).  El coste aproximado de una obra de 52 minutos se sitúa entre los 80 / 150 mil dólares y 350 / 450 mil dólares, según la categoría de la producción.


EL PUBLICO, EL DIFUSOR, EL PRODUCTOR

El público --desde luego— es la causa principal del buen momento por el que atraviesa el documental en estos países. Un público probablemente cansado de la televisión basura que busca una alternativa. También va más gente a las salas. Por ejemplo, «Romance de Valentía» y «Lágrimas Negras», de Sonia Herman Dolz, se mantuvieron varios meses en los cines de Holanda gracias al apoyo exclusivo del público. Otras obras anteriores o más recientes, «El País de los Sordos», de Nicolas Philibert y «Al Sur del Sur », de Laurent Chevalier, sobrepasaron las cien mil entradas en Francia; sin referirnos a «la Orquesta Subterránea», a «O Amor Natural», ambas de Heddy Honigmann; a «Coute que Coute», de Claire Simon; a "El caso Pinochet", de Patricio Guzmán; a "Les Terriens", de Arianne Doublet; y al suceso mundial de Nicolás Philibert que con “Etre et avoir » las sobrepasó a todas.

“Salvador Allende” hizo 120.000 entradas en Francia con 34 copias en 34 salas (entre septiembre y diciembre de 2004). Mientras que “La pesadilla de Darwin” de Hubert Sauper superó las 200.000 entradas en 2005.

En Francia hay muchos documentales pueden llegar a la «gran pantalla» debido a sus propios méritos o al apoyo de la organización «Documentaire sur Gran Ecran» y al trabajo insistente que hace la «SCAM» (la Sociedad de Autores) en todos los frentes.

Pero la difusión principal sigue estando casi en manos de la televisión, tanto en los canales temáticos como en los canales fuertes de Europa, que han sabido adaptarse mejor a la competencia mercantil sin abandonar los contenidos, como por ejemplo:

En Alemania: ZDF, WDR, ARTE.
En Francia: Fr-2, Fr-3, La Cinquième, Canal Plus, ARTE.
En Holanda: VPRO.
En Bélgica: RTBF.
En Suiza: la Suisse Romand.
En Austria: ORF.
En Noruega:  NR.
En Inglaterra: Channel Four y la BBC.


EL PRODUCTOR

El segundo factor es el desarollo de la figura del «difusor» adentro de cada canal (en suma, es el « jefe de producción» de cada canal), un puesto que ha cambiado de manos. De los «amateurs» de ayer ahora es frecuente encontrar un buen número de profesionales, conocedores del género.  

Y afuera, sobre todo, se encuentra la figura « estrella ». Es el personaje protagónico : el productor independiente. No sólo es la persona que pide el dinero al canal (entre el 30 y el 40 por ciento) sino que también busca el financiamiento para todo el filme. Articula el conjunto del proyecto y sabe colocarlo adentro del mercado. Vende, prevende y coproduce. Trabaja cerca de las necesidades del difusor y al mismo tiempo cerca de las necesidades del realizador, al que (en principio) respeta y defiende. 


Patricio Guzmán.
París, 1998. 


[1] Le Monde Télévision, 6 de julio de 2002.
[2] Boletín del Festival de Marseille, 24 de junio de 1997.
[3]  Ibid.
[4] Le Monde, 27 de septiembre de 1997.
[5]  Ibid.
[6] Entrevista con Thierry Garrel en «Le Journal» de la SCAM (Sociedad de Autores), verano de 1997.
[7] El COSIP (Compte de Soutien aux  Industries de Programmes), generado por el CNC.
[8] La Production Documentaire, de Yves Jeanneau, página 199, Editions DIXIT, París 1997.
[9] La Production Documentaire, de Yves Jeanneau, página 199, Editions DIXIT, París 1997. Años más tarde T. Garrel completaría esta definición: «El reportaje postula que se trata de mostrar la realidad donde el documental postula que hay que pensársela. El documental afirma que, en el lugar donde se produce la imagen, está la consciencia del espectador».