21) RAFAEL SANCHEZ

RAFAEL SANCHEZ
CREADOR DEL CINE DOCUMENTAL CHILENO  


Conocí a Rafael Sánchez en 1963 en la puerta de su oficina, en el Instituto Fílmico de la Universidad Católica, en Santiago, en la avenida Alameda… Le pregunté si podía hacerme algunas copias de mis películas (en 8 milímetros) que yo filmaba por mi cuenta en aquella época. Él me respondió que no, que no era posible… pero me dijo que le gustaría ver esas películas…  Tal vez le gustaron un poco (en realidad no mucho) pero me ofreció muy pronto un buen trabajo en su Instituto.

Permanecí tres años a su lado.

Trabajé como ayudante de realizador. Nos unía un gran entusiasmo por el cine documental, por su técnica, su producción y sobre por todo por su caracter pedagógico. Rafael Sánchez era un gran profesor de cine y de estética. Nunca después he encontrado otra persona capaz de transferir la experiencia de la creación documental como él la concebía. Era un profesor con mucha autoridad, exigente y carismático, que dominaba todo el proceso cinematográfico desde la composición fotográfica hasta las técnicas de laboratorio.

En aquellos años el público chileno tampoco conocía nuestro trabajo. No había « cines » documentales. Los documentales no se proyectaban en ninguna parte…Tampoco existía le televisión. Difundir los documentales era un drama. ¿Qué hacer ?

Para salir del anonimato le propuse crear una “sala especial para el  documental” que él apoyó con mucho entusiasmo (hasta ese punto los dos éramos ingenuos). Sin embargo en aquellos tiempos prehistóricos las ideas extrañas, casi alucinantes, podían concretarse, aunque fuera por poco tiempo.

 Así nació el “CINE ARTE UC” en el teatro ICTUS de Santiago, que era una pequeña sala de teatro muy buena que aún existe. Empezamos a exhibir allí nuestras películas documentales en una pantalla desmontable los días lunes, cuando la compañía de teatro descansaba y la sala estaba libre.

Fue un pequeño éxito de crítica y de público. El “CINE ARTE UC” funcionó un par de años. En su pantalla se mostraron los documentales del propio Rafael Sánchez, de Pedro Chaskel, Héctor Ríos, René Kocher, Armando Parot, míos y de otros.

En 1966 yo abandoné Chile por mucho tiempo. La vida nos separó para siempre pues nunca volvimos a coincidir en otra actividad prolongada. Pero en realidad nunca le olvidé. Sus clases de cine me siguieron a todas partes. Conocí a algunos maestros universales del género pero pocos eran capaces de unir la técnica con la estética como Rafael lo hacía, con ese espíritu de “fusión” con que trabajamos los documentalistas.

Rafael escribió un libro notable : « Montaje Cinematográfico, arte de movimiento » donde aparentemente todas las materias aparecen entremezcladas (pero en relación directa entre sí). Por ejemplo : la composición fotográfica, las posiciones de cámara, la forma musical, el texto narrativo, la artesanía del montaje …  Este libro es la mejor herencia que nos deja. Un texto que nos recuerda su voz y sus conocimientos múltiples, donde es capaz de saltar de un sujeto a otro con naturalidad. Un manual producto de la reflexión que escribió poco a poco durante muchos años a medida que él iba descubriendo los secretos del cine. Le recuerdo con nitidez escribiéndolo en su oficina del primer piso del Instituto Fílmico. Es un libro único, inclasificable, que se también se ha editado en México.

Rafael poseía la vehemencia de los cineastas solitarios (de los “amateurs valientes”, como le gustaba decir). Dedica su libro a los “directores independientes que hacen sus propios filmes, los piensan, los ponen en escena, los sonorizan y los editan ellos mismos”. Una idea profética en ese tiempo (1970), cuando aún no existían las cámaras de video. Creo que hoy estamos delante de una enorme mayoría de documentalistas que trabaja de esta manera

Adicionalmente Rafael  también hizo composiciones musicales. Pero se le conoce principalmente como profesor, realizador de ficción y documentales, además de montador de renombre. Empezó a filmar documentales en los años 50. Una de sus primeras obras, “Las Callampas” (1957) muestra la miseria de algunas zonas de Santiago, especialmente en las márgenes del Zanjón de la Aguada. Es un filme impresionante, lúcido, que anticipa el “cine social” de América Latina que aparecería muchos años después. Es una obra única por su calidad técnica y la profundidad social de su mirada.

Como director hizo “El Cuerpo y la Sangre” (una ficción de 1962) y otros documentales : “Faro Evangelistas” (1965), “El Lago Laja y sus Centrales Hidroeléctricas” (1965), “Chile Paralelo 56” (1966) y “Mi Valle del Elqui” (en 1972), este último basado en un poema de Gabriela Mistral.

Rafael Sánchez trabajó como profesor de cine durante 45 años seguidos. Es el catedrático con más horas de trabajo que hay en la historia del cine chileno. Fue fundador y director del Instituto Fílmico de la Universidad Católica y Miembro Académico del Instituto de Estética de la misma Universidad.  Perteneció desde 1971 a la Society of motion picture and television engineers, con sede en Nueva York. 

¿Cómo recordarle para siempre?… ¿Deberíamos poner su nombre en alguna sala de la cinemateca de Santiago de Chile?…    


PG.
París, 5 de julio de 2006.