25) ENTREVISTA 1

ENTREVISTA A PATRICIO GUZMAN

Basada en un diálogo con Berta Pérez
Miércoles 6 de febrero de 2013


Berta Pérez:

En Chile y otros países de América Latina, la diferencia con España, es que se crearon comisiones para el esclarecimiento de los crímenes acontecidos de la dictadura de Pinochet. ¿Cree que esto favoreció el proceso de transición o que ésta es, a pesar de ello, un proceso inacabado o imperfecto?

En Chile hubieron dos comisiones, la Rettig y la alech. Fueron muy positivas, hicieron un balance de las víctimas, del número de los centros de tortura, de los desaparecidos, de los ejecutados y torturados. Además denunciaron a muchos responsables, militares y civiles. Ahora falta una tercera comisión porque hay un 60% violaciones a los derechos humanos que todavía no han sido juzgados. Uno se pregunta, ¿por qué la justicia es tan lenta en Chile?  


¿Cree usted que es viable esta tercera comisión?

Realmente no lo sé. El presidente Lagos se preocupó un poco. Sin embargo la presidenta Bachelet ignoró esta materia casi por completo. Ella tenía todo el derecho moral para exigir una mayor rapidez a los jueces y también a la clase política entera. Como hija de un general asesinado por Pinochet y una madre torturada por la policía,  ella tiene un poder de convicción que ninguna otra figura política tiene.   

Me da la impresión que está usted un poco decepcionado con la actitud y la gestión de Bachelet respecto a todo esto.

En efecto. Espero que ella cambie de actitud. Todo parece indicarnos que ella será la futura presidente de Chile por segunda vez.


¿Por qué los países como Chile, o España, que han vivido experiencias traumáticas optan por la amnesia en vez de por la memoria histórica?

El caso español es difícil. La actitud del Rey y los jefes de todos los partidos democráticos, después del intento de golpe de estado de Tejero, salvó la situación. Fue un caso milagroso. Sin embargo después de pasados los primeros momentos, la memoria histórica pasó a segundo plano y fue guardada en un cajón. Yo creo que el principal responsible de este olvido es Felipe González.

La transición chilena ha sido también complicada. Creo que se basó en un pacto de silencio entre los militares y la clase política. A partir de ese pacto de silencio la cuestión de la memoria quedó afuera de toda negociación. Es un problema espinoso que aumenta a medida que pasa el tiempo. Un gran número de ciudadanos implicados en las violaciones a los derechos humanos, tanto militares como civiles, circulan libremente por las calles y esto aumenta el sufrimiento de las víctimas y establece un estado de impunidad muy dañino. El diario “El Mercurio”, que negó las torturas y ocultó el tema de los desaparecidos, hoy aparenta ser un periódico “democrático”, como si nada hubiera pasado. Los textos escolares hablan en forma breve tanto del período de Allende como de la dictadura. Hace un par de años compré una Guía de Turismo en Alemania, que en sus primeras páginas dice cosas sobre Allende y la dictadura mucho mejores que los textos de las escuelas primarias de Chile…  


¿Cuál sería en su opinión un modelo a seguir para salir de esa situación política a la que usted hace referencia?

Tal vez mirar lo que hizo Argentina. Crear una cultura de la memoria con el ministerio de educación. Hace poco hice un programa de televisión en la Escuela de Mecánica de la Armada, en Buenos Aires. Hay un edificio especial para las madres, otro para los hijos y un tercero para las abuelas. Finalmente hay un canal de televisión (“Encuentro”) donde se realizan programas sobre la memoria argentina.


Sin embargo, en Chile, existe el Museo de la Memoria.

El Museo de la Memoria funciona, pero no ha logrado atraer una cantidad de público regular. Y funciona de una forma excéntrica. Los creadores del museo compraron los terrenos, hicieron un concurso de arquitectos, levantaron el edificio y ahora mantienen un equipo asalariado que atiende las instalaciones. Sin embargo se olvidaron de asignar un presupuesto para comprr obras. Sin presupuesto no pueden comprar fotos, cuadros, esculturas o películas. Hay que donar (por obligación) todas las obras… ¿Por qué?...


¿Que clase de criterio es este?

En Chile ningún canal de televisión ha comprado mis películas (excepto la última). Ninguna facultad universitaria tampoco las ha comprado. La Biblioteca Nacional tampoco las ha comprado. La Cineteca Nacional tampoco las ha comprado… Y ahora nace el Museo de la Memoria que tampoco las compra.  Mi película “La Batalla de Chile” se puede ver en el Centro Pompidou de París desde hace treinta años y cada siete años este centro me paga una cantidad modesta de dinero, pero me paga. Uno vive de estas pequeñas cantidades que uno recibe de la sociedad de autores, de un pase por televisión, de las bibliotecas, etc. Este el el sueldo de un cineasta independiente, como un pintor, un poeta, un escritor, un actor, etc. Entonces, ¿cómo es posible que el Museo de la Memoria te obligue a donar las películas?


¿Cree que usted está censurado en Chile?

Siempre he sido censurado en Chile. Mi obra, que ha pasado por los principales festivales del mundo y por las salas de Europa y Estados Unidos, no es nada conocida por el gran público de Chile. Soy un cineasta ignorado por la gran masa del público chileno. He sido víctima de una censura sistemática e indirecta. La mayor parte de mis documentales hablan de la memoria histórica y la gran mayoría de los medios audiovisuales chilenos no las usan (o utilizan fragmentos que me roban). Tampoco se puede hablar mucho de la memoria histórica, del aborto, de los homosexuales, de la contaminación del océano, de la fecundación in vitru, de los derechos de la mujer. Y mucho menos criticar a los grandes bancos o la Conferencia Episcopal. 


¿Quizás sea porque la sombra de Pinochet perdura todavía?

La clase política y empresarial no desea tener vínculos con la memoria histórica. Ellos quieren dar vuelta a la página. Borrar los recuerdos colectivos. Mi punto de vista es diferente. La  memoria histórica es un concepto básico. Fortalece a los países que la ejercen. Genera mejores negocios, mejores planes de turismo, mejor educación, etc. Es una adquisición del mundo actual, como la ecología, los derechos de la mujer, la libertad de culto, la contaminación del aire y los océanos, etc.


Recientemente, en unas declaraciones al diario español El País, el ex presidente Patricio Aylwin decía que Salvador Allende “no fue un buen político” y le responsabilizó de la triste suerte de Chile a partir de 1970. Al más que caldeado ambiente interno se añadió la celebración, pocos días después, de un homenaje a Augusto Pinochet. ¿Existen dos Chiles?

En Chile hay todavía personas que sienten nostalgia por Pinochet, que siguen creyendo que Pinochet salvó al país de una guerra civil. Sin embargo, en el campo opuesto, hay un sector de la población que tiene un comportamiento democrático. Hay incontables jóvenes que conocen la figura de Allende y piensan que fue un político consecuente hasta el final. Hay incontables personalidades mundiales que elogian la figura de Allende. Las declaraciones de Aylwin han sido inoportunas, más bien de una persona que ha perdido lucidez. No se puede responsabilizar de todo lo que ocurrió a Salvador Allende. En la última elección democrática, en marzo de 1973, seis meses antes del golpe de estado, los partidarios de Allende obtuvieron el 43.4% de los votos. No es una minoría. Es practicamente la mitad del país. Allende obtuvo este resultado cuando en Chile no había pan, azúcar, harina, aceite, tallarines, gas, calefacción, transporte colectivo, materias primas, stock de repuestos, etcétera. Allende se enfrentó a un boicot salvaje de los  empresarios y un sector de la clase media. El 80% de la prensa escrita escribía contra su gobierno. El 70% de las radios criticaba su gestión. Sus adversarios le insultaban y él no prohibió ningún medio de comunicación. El gobierno de Nixon y  Kissinger le asfixió desde el primer día. Los camioneros recibían 5 dólares diarios para dejar de trabajar. ¿Y mientras tanto Patricio Aylwin se atreve a decir que Allende ha sido la mayor calamidad de Chile? 


Hace unos días el juez Baltasar Garzón ha visitado Chile, se ha paseado por

Sin embargo crece una mala imagen de España a partir de que Garzón fue expulsado de la Audiencia Nacional. El Partido Popular, la Iglesia Católica y un sector de la ciudadanía española actuaron sin reflexionar. Ya no estamos delante de aquella España soleada y maravillosa.


El golpe de Estado bifurca el camino de los cineastas chilenos entre los que se exilian y los que no. En su caso, ¿le permitió el exilio mejores perspectivas para contar lo que estaba ocurriendo en su país?

Como yo era la única persona que había filmado detalladamente la caída de Allende gracias a “La Batalla de Chile”, pensé que lo más lógico era montar afuera para salvar ese material y dar a conocer al mundo lo que había ocurrido. Sin embargo no me exilié. Cuando salí del Estado Nacional, donde estuve incomunicado durante quince días, fui al Gabinete de Identificación para obtener mi pasaporte y me lo dieron. Cuando llegué a España entré como un viajero normal y cuando fui a Francia también. Nunca he tenido el “estatus” de exiliado y esto no me dió ventajas. Terminé por mi cuenta “La Batalla de Chile” con la ayuda de mi propio equipo (que me acompañó siempre) y con la ayuda del cineasta francés Chris Marker y, para terminar, con la ayuda del ICAIC de Cuba. Con “La batalla de Chile” que se estrenó en 34 países comencé una larga gira mundial para dar a conocer en Estados Unidos, Europa y algunos países africanos y árabes el caso chileno. Este era mi propósito. Si yo no hubiera filmado pacientemente día a día ”La Batalla de Chile” probablemente no hubiera salido nunca.  


¿Cómo consiguió sacar las cintas del país?

Me ayudó la embajada de Suecia.

La esposa de nacionalidad sueca (Lilian Indseth) de un gran cineasta amigo chileno (Sergio Castillo) era la secretaria del embajador en Santiago, Harald Edelstam, un hombre lleno de una personalidad extraordinaria. Él había estado antes en África donde también salvó gente y en América Central, donde hizo lo mismo. Era un aristócrata con grandes ideas humanistas. Él aceptó que yo entrara el material de “La Batalla de Chile” a la embajada que él presidía (muchos kilos de peso). Lo entramos con una furgoneta de la propia embajada con la ayuda de Lilian Indseth  y de nuestro jefe de producción, Feredico Elton. De ahí fue llevado a Valparaíso y fue embarcado en un barco sueco que llegó a Estocolmo tres meses después. Yo personalmente, con Federico, fui a buscar el material. Por desgracia, en ese momento tan importante, no estuvieron los otros miembros del equipo: el ayudante de dirección José Pino, el ingeniero de sonido Bernardo Menz y nuestro operador de cámara, Jorge Müller, asesinado un año más tarde por la policía política.


“La Batalla de Chile” es un documento básico para conocer la historia reciente de Chile ¿De qué manera ha contribuido el cine documental chileno al mejor conocimiento de la historia reciente de Chile?

“La Batalla de Chile” es una película irrepetible. Ninguna otro documental sobre el mismo período puede compararse con ella. No existe otra película latinoamericana que se le parezca. Fue estrenada en Cannes, Berlín y reconocida por Le Monde, The New York Times y otros grandes medios como una obra excepcional, de la cual me siento orgulloso.

Pero dejemos aparte esta obra y hablemos de los otros documentalistas chilenos. A  partir de 1982-1983 más o menos comienza a trabajar en Chile un grupo de cineastas dispersos y valentes. Recuerdo tres películas documentales interesantes: “Pepe Donoso”, filmada por Carlos Flores, “Cachureo” de Guillermo Cahn y “Lonquén” de Ignacio Agüero. Además, gran parte de la la represión de Pinochet fue filmada por reportajes de Pablo Salas y Hernán Castro. Después se abrió un gran horizonte para estos y otros materiales con el Festival Documental de Santiago, creado en 1996 (FIDOCS) que yo fundé con la colaboración de mis colegas de Santiago.  


En “La Memoria Obstinada” se abordan temas de censura y autocensura, ¿cuál de las dos es más dañina?

Ambas son destructoras. La censura porque nos daña a todos y la autocensura es ejerdida por el propio cineasta para salvar la vida. 


¿Qué papel juega el cine en la educación, la memoria y la reconstrucción histórica?  ¿Es un rencuentro para superar los periodos traumáticos en la historia de un país?

Es una pregunta bastante amplia. En América Latina no existe libertad de pensamiento en todas partes. Los filósofos o científicos latinoamericanos no tienen en su totalidad los medios propios de expresión. Hay revistas universitarias, determinados programas de radio, un número limitado de libros de análisis de la realidad o de crítica en general. Esta misma falta de espacio la sufue el documental. En América Latina solo hay dos o tres canales dedicados al documental: en México, Brasil y Argentina. En Chile tal vez, con los años, se cree uno. En general los canales son mercantiles y hay poco espacio para la educación, la formación. Desde este punto de vista los documentales latinoamericanos tienen poco espaacio para alcanzar una alta audiencia. Pero las cosas, sin embargo, están cambiando.


Pero esto no es un problema doméstico de Chile.

Tampoco es Latinoamericano. Es un problema mundial. No hay ninguna cadena de distribución potente en el mundo que se dedique al documental. Puedes encontrar Blockbuster en todas las ciudades del mundo. Pero no hay nada parecido en el documental. Estamos totalmente dominados por el cine de ficción y en América Latina (también) por el cine de ficción norteamericano.  


¿Tenemos también un espectador más exigente cada vez?

Dentro de diez años la televisión no va a existir como hoy día la conocemos porque estamos viviendo un sistema que se fundó en los años cincuenta o sesenta. Hoy en día la gente quiere canales temáticos, más diversidad, más variedad, más documental, más canales educativos, ecológicos, históricos, etcétera. La gente está cansada de la ficción, quiere diversidad. Ital vez Internet está en el comienzo de este cambio.


¿Qué modelo vencerá?

No se sabe quién va a ganar. Pero yo soy optimista. Creo que vamos a existir un público vivo más y dinámico, que quiere hablar de su barrio, de su escultor, de su pintor, del mejor rector que hubo en la universidad, del mejor poeta… Hay una contracultura y la naturaleza subversiva que siempre ha tenido el documental tiene más campo. Con las cámaras pequeñas de video (de alta definición), podemos producir por nuestra cuenta y pasar por encima (muy por encima) de los funcionarios de la televisión.   


Su película “La Batalla de Chile” no ha sido emitida todavía en la televisión pública, ¿cómo se lleva esto? ¿realmente existe en Chile una libertad para producir y ver el tipo de cine que directores como usted hacen sobre la dictadura de Pinochet?

En Chile hay tal vez unos treinta documentalista activos muy buenos, talentosos, jóvenes y no tan jóvenes. Una parte de ellos se apasiona por el tema de la memoria y trabajan bien. Poco a poco se impondrá un cine de contra información que restablecerá la memoria de muchas cosas.


¿En qué proyecto se encuentra trabajando ahora?

Así como “Nostalgia de la Luz” es una película del norte, ahora estoy haciendo una película sobre el sur, sobre la tierra de las aguas errantes, donde hubo muchas culturas que florecieron y desaparecieron por completo, por responsabilidad de los propios chilenos, que les privaron de su libertad. Los gobiernos del siglo XIX despejaron el terreno para que los ganaderos que ocuparon el territorio con ovejas e hicieran fortuna. Esmpiezo a filmar en la próxima primavera polar. Estará en los cines del mundo hacia el año 2015.