28) ARCHIPIELAGOS

ARCHIPIELAGO

                     

                                                          EXTRACTO DEL LIBRO "FILMAR LO QUE NO VE"


Durante la dictadura de Pinochet, en Chile, para ver el último documental peruano había que tomar un avión hasta Lima. Para ver la última película documental brasileña había que comprar un pasaje hasta Río. Para ver el último documental de Werner Herzog había que trasladarse un poco más lejos, a 13.000 kilómetros, hasta Berlín. Por otra parte, había países que no tenían vuelos directos, como El Salvador, Nicaragua, Puerto Rico, Cuba y Ecuador .

En esa época, sin embargo, se produjeron obras extraordinarias en El Salvador,  el país más chico de este grupo. Me refiero a tres documentales filmados en 16 mm durante la guerra civil y en plena clandestinidad. Ellas son:  “Morazán”, “La decisión de vencer” y “Carta de Morazán”. Las tres ganaron el festival de La Habana en 1980, 1981 y 1982[1]

Sin embargo, casi 35 años antes, los mejores cines de Santiago proyectaban películas documentales provenientes de diversos países y con bastante éxito de público (“Perro mundo”, “Estados Unidos visto por un francés”, “Morir en Madrid”, lo prueban ampliamente). Había colas en las puertas del teatro Pacífico para ver la guerra civil española o los grandes espectáculos que mostraba “Europa de noche”. El capitán Cousteau se dio a conocer con “El Mundo del Silencio”, etc. Más tarde, durante el gobierno de la Unidad Popular, la importación de los documentales se redujo, a pesar de que muchos documentalistas de famosos visitaron Chile (Chris Marker, Joris Ivens, Roberto Rosellini, Roman Karmen, Santiago Alvarez).  

Más tarde, sin embargo, la situación empeoró de forma trágica. Con Pinochet en el poder el eclipse fue total. Durante la dictadura y también durante los primeros gobiernos democráticos, Chile importó una cantidad insignificante de películas documentales de autor y no la parte más representativa. El documental de creación desapareció de la pequeña y gran pantalla. El país estuvo aislado de la producción mundial unos 24 años --tal vez un poco más--, hasta la aparición del Festival Documental de Santiago (FIDOCS), que tuve el honor de crear en 1997 con el apoyo de muchos colegas, sin cuya ayuda no hubiera llegado a ninguna parte.

FIDOCS ha demostrado que la única manera de volver a conectarnos con el movimiento documental es a través de un festival. Ni la televisión ni la gente que controla la gran distribución cinematográfica en Chile tienen un verdadero compromiso con el documental. No creo, francamente, que esto vaya a cambiar de forma profunda en el futuro inmediato. 

Diez años después de creado, FIDOCS ya habíamos exhibido más de de 515 obras. Y en 2012 llegamos a 765 películas… Incluso nosotros mismos corriamos el riesgo de olvidarnos de todo lo que hemos exhibido. Por desgracia, no tenemos los medios para crear una videoteca permanente y ofrecer al público nuestra programación integral, en particular para los estudiantes e investigadores.  

Lo único que nos queda, en la práctica, son los comentarios de la prensa, las revistas y las radios. Muchos medios de comunicación han dejado constancia de lo que pasó en FIDOCS durante su visa. Pero sobre todo, nos quedan los catálogos del festival, cuyas ediciones se agotan, y adentro de ellos los resúmenes de las películas, es decir, las “reseñas”.

¿En qué consisten?... Una reseña son muchas cosas y al mismo tiempo no son nada. Son una especie de boceto, de borrador, que no son precisamente una crítica, sino más bien una nota o simplemente una opinión a vuelo de pájaro, de una película. Para redactarlas uno se estruja la cabeza, busca auxilio en los amigos, los colegas, o bien se inspira en lo que dicen otros catálogos. Es un trabajo fastidioso que al final termina por entusiasmar.

Me he propuesto hacer una selección de mis reseñas y arreglarlas un poco. Es otra forma de hacer memoria. He modificado los textos con errores de redacción, fechas aproximadas, informaciones poco fiables, escritos fugazmente unas semanas o días antes de cada festival para evitar que la imprenta los dejara afuera. También he tenido que quitar algunas obras por razones de espacio. ¡Son casi 200 películas!....

Puestas una detrás de la otra, como los vagones de un tren, estas reseñas son una manera de reconocer la creación documental durante casi 20 años. Es una manera de hacer un balance de FIDOCS y también una forma de tener una vista general, un panorama, sin duda limitado, de lo que se ha hecho en algunos países.


Patricio Guzman.


[1] “Morazán » (1981) y « La decisión de vencer” (1981), realizadas por el colectivo Cero a la Izquierda. “Carta de Morazán” (1982), realizada por el colectivo Sistema Radio Venceremos.