29) EL GUION EN EL CINE DOCUMENTAL

EL GUION EN EL CINE DOCUMENTAL


INTRODUCCION

Mucha gente cree sinceramente que el guión documental no existe, que es una simple pauta --una escaleta-- una escritura momentánea que se hace « sobre la marcha » y que no tiene ningún valor en sí mismo. Probablemente tienen razón en esto último. Pero el guión documental es tan necesario como en una película de ficción. Es cierto que es « un estado transitorio » --como dice Jean-Claude Carrière, al referirse a los guiones de ficción—« una forma pasajera destinada a desaparecer, como la oruga que se convierte en mariposa». « Con frecuencia --dice--al terminar cada rodaje se encuentran los guiones en las papeleras del estudio. Están rotos, arrugados, sucios, abandonados. Muy pocos son los que conservan un ejemplar, menos aún los que los mandan a encuadernar o los coleccionan ».

Sin embargo una película documental también necesita sin duda la escritura de un guión --con desarrollo y desenlace-- con protagonistas y antagonistas, con escenarios predeterminados, una iluminación calculada, diálogos más o menos previstos y algunos movimientos de cámara fijados de antemano. Se trata de un ejercicio tan abierto y arriesgado como necesario; es como la partitura para un concierto de jazz; es casi como el común acuerdo de “lo general con lo particular”; es una pauta que presupone toda clase de cambios. Pero sigue siendo un guión. Muchos dirán que estoy exagerando un poco, que no es necesario adivinarlo todo y tienen razón. Uno nunca sabe, en efecto, si va a hacer tales planos con movimientos exactos, tampoco sabemos qué tipo de diálogos habrá, en el caso que aparezcan. Estoy, simplemente, enunciando unos « principios » generales para entendernos un poco y seguir adelante.

PRIMERAS REFLEXIONES

¿Guión cerrado o guión abierto?... De todas las precondiciones que pide la industria, la escritura del guión documental es la más difícil de cumplir satisfactoriamente. Si es demasiado “cerrado” anula el factor sorpresa y los hallazgos espontáneos del rodaje. Si es demasiado “abierto” supone un importante riesgo de dispersión. Entre los dos el director está obligado a encontrar un punto de equilibrio, junto con explorar los lugares de filmación y hacer una investigación temática exhaustiva. La única ventaja del género es que el guión documental se “reescribe” más tarde en la moviola (porque se mantiene abierto hasta el final). En realidad el montaje documental no presupone sólo ensamblar los planos sino concluir el trabajo de guión iniciado al principio de una manera tentativa.

EL VALOR DE UNA ESCRITURA TAN LARGA

Hallazgo de la idea y la historia (¿un minuto, varios años ?).
Sinopsis (un mes).
Investigación previa (un mes, tal vez mucho más).
Guión imaginario (dos meses).
Localización de los escenarios y personajes (un mes).
Preparación del rodaje. Tercera versión (un mes).
Montaje en Avid. Cuarta versión (varios meses o años).

Este largo período de trabajo en el guión –meses o años—fija con claridad su enorme importancia frente a los pocos meses que dura la realización de un filme documental « tipo » (si es que existe una duración « tipo » ya que el llamado « documental de autor » no tine plazos fijos).

LA IDEA, LA HISTORIA

La búsqueda y el hallazgo de una idea son la causa frecuente y punto de partida de una película documental. La idea original desencadena todo el proceso. Para mí, una idea buena se reconoce porque propone un relato o el desarrollo potencial de una historia. Si la idea original carece de esta facultad, no significa nada. Una idea original debe estar preñada de algo; debe contener en el fondo una fábula, un cuento. Por el contrario, un enunciado, una simple enumeración temática, no tiene ninguna utilidad. Ante todo, una película documental debe proponerse contar algo; una historia bien articulada y además construida con elementos de la realidad y un poco (o mucho) de imaginación. Es una historia bien narrada con la exposición clásica del argumento, a veces con la aplicación del plan dramático que todos conocemos (exposición, desarrollo, culminación y desenlace), el mismo que utiliza la mayor parte de las artes narrativas.

LA SINOPSIS

La sinopsis tiene una importancia decisiva. Concreta la idea. Cuenta lo más destacado de la historia en pocas páginas. Visualiza los elementos principales. Hace posible la ejecución de un presupuesto. Permite hacer circular el proyecto entre los interesados (los productores independientes y algunos jefes de las unidades de producción de los canales de televisión). A veces, la sinopsis nunca es superada por otras versiones sucesivas. Contiene toda la energía del primer paso. Permite soñar más que las versiones “definitivas”. Presenta la idea en tono “más abierto”, de tal forma que cada lector puede imaginarla a su manera. Representa un importante avance y a la vez un peligro... ¿podremos mejorarla o empeorarla con la investigación que se nos viene encima?

CINCO CLASES DE IDEAS

Veamos algunos de los tipos de ideas más comunes que, con frecuencia, emplea el cine documental (utilizando una lista de títulos conocidos):


1) (ELEGIR UN PERSONAJE)

Los Belovs (1992) de Víctor Kossakovski
El último bolchevique: Medvedkine (1993) de Chris Marker
Cortázar (1995) de Tristán Bauer
Citizen Langlois (1995) de Edgardo Cozarinsky
La vida es inmensa y llena de peligros (95) de D. Gherbrandt
Asaltar los cielos (1996) de López-Linares y Javier Rioyo
Wild Man Blues (1998) de Barbara Kopple


2) (ELEGIR UN ACONTECIMIENTO)

Olimpia (1936) de Leni Riefensthal
Woodstock (1970) de Michael Wadleigh


3) (ELEGIR UNA SITUACION CONCRETA)

Drifters (1929) de John Grierson
Mein Kampf (1960) de Erwin Leiser
Morir en Madrid (1963) de Fréderic Rossif
Harlan county (1976) de Barbara Kopple
La batalla de Chile (1973-79) de Patricio Guzmán
The store (1983) de Frederick Wiseman
En el país de los sordos (1992) de Nicolas Philibert
Los fuegos de Satán (1992) de Werner Herzog


4) (HACER UN VIAJE)

El Sena ha encontrado París (1957) de Joris Ivens
América insólita (1958) de François Reichenbach
Ruta número uno (1989) de Robert Kramer
Diario del Che (1994) de Richard Dindo
The Saltmen of Tibet (1997) de Ulrike Koch


5) (VOLVER AL PUNTO DE PARTIDA)

Hombre marcado para morir (1984) de Eduardo Countinho
Shoah (1986) de Claude Lanzmann
Réminicences d’un voyage en Lituanie (1990), de Jonas Mekas
Children of fate (1992) de Andrew y Robert Young
Point de départ (1993) de Robert Kramer
Saumialouk le gaucher (1995) de Claude Massot
La línea paterna (1995) de José Buil
Pictures of a revolution (1995) de Susan Meiselas
Chile, la memoria obstinada (1997) de Patricio Guzmán


LA INVESTIGACION PREVIA

El realizador debe llegar a convertirse en un verdadero especialista amateur del tema que ha elegido: leyendo, analizando, estudiando todos los pormenores del asunto. Mientras más profunda sea la investigación, mayores posibilidades tendrá para improvisar durante el rodaje y por lo tanto gozará de una mayor libertad creativa cuando llegue el momento.

No solamente se reduce a una investigación de escritorio y en solitario. Casi siempre hay que moverse: localizar peritos, visitar bibliotecas, archivos, museos o centros de documentación.

Sin embargo una película documental --hay que recordarlo-- no es un ensayo literario. No necesariamente contiene una exposición, análisis y conclusión (tesis, antítesis, síntesis) como el género ensayístico lo exige en el mundo de las letras y las ciencias. Puede aspirar a serlo. No obstante, por regla general un documental suele ser un conjunto de impresiones, notas, reflexiones, apuntes, comentarios sobre un tema, por debajo del valor teórico de un ensayo, sin que por ello deje de ser un buen filme documental. Puede afirmarse que una película documental se sitúa por encima del reportaje periodístico y por debajo del ensayo científico, aunque a menudo utiliza los recursos narrativos de ambos y está muy cerca de sus métodos.

La investigación arroja como resultado una segunda versión del guión, más extensa y completa, a menudo un trabajo que nadie lee (muchos ejecutivos están siempre demasiado ocupados). Pero es de gran utilidad para el realizador y los colaboradores más próximos. Es una forma de detectar los fallos en la historia y el tratamiento. Esta segunda versión es también un trabajo práctico. Todavía nos falta por conocer a la mayoría de los implicados. Se trata de un guión “imaginario” (completamente inventado a veces). Un guión ideal donde uno sustituye la “real” realidad, donde uno escribe lo que uno anhela encontrar.

LOCALIZACION DE LOS ESCENARIOS Y PERSONAJES

Esta fase empieza cuando el realizador conoce los personajes y lugares en el momento que visita por primera vez el sitio de los hechos. Aquí puede respirar, observar, pasear por “adentro” de la historia que desea narrar. Aquí todo cambia. La realidad se encarga de confirmar el trabajo previamente escrito o lo supera, lo niega y lo transforma. Las premisas teóricas pasan a segundo plano cuando aparecen, por primera vez, los personajes reales de carne y hueso y los agentes narrativos auténticos. Empieza un proceso bastante rápido para reacomodar situaciones, personajes, escenarios y demás elementos no previstos. A veces la obra antes concebida se transforma en una cosa bastante distinta.

LOS RECURSOS NARRATIVOS

Los agentes narrativos son los elementos que utiliza el guión para contar la historia. El lenguaje original del autor es sin duda el primero y el más obvio. Pero hay muchos tipos de recursos narrativos --la lista puede ser interminable-- y por eso mismo conviene clasificarlos por orden de importancia y a la vez descartar los secundarios. Estos son los que yo utilizo:

Los personajes
Los sentimientos, las emociones
La acción
La descripción
La voz del narrador
La voz del autor
Las entrevistas
Las imágenes de archivo
Las ilustraciones fijas
La música
El silencio
Los efectos sonoros
La animación
Los trucajes ópticos
​Y como ya se ha dicho: el lenguaje propio del autor


LOS PERSONAJES, LOS SENTIMIENTOS

La mayor parte de las emociones, en las películas de ficción, es el resultado del trabajo que hacen los actores. Sin embargo esta difícil tarea de los intérpretes --una labor ensayada y planificada minuciosamente siguiendo las órdenes del director-- no existe, no tiene lugar, en los filmes documentales. En los documentales, la única manera de transmitir sentimientos es aprovechando las condiciones espontáneas de los personajes reales que aparecen. De modo que, si estos personajes se limitan a exponer y repetir de una manera mecánica nuestro tema, no podemos extraer ninguna emoción para los espectadores.

Son insustituibles: casi todos los films documentales --hoy día-- se estructuran con la intervención de personajes. Ellos articulan la historia, exponen las ideas y concretan el tema. Son los agentes narrativos más necesarios. Por lo tanto, su elección es básica. No sólo hay que buscar a los sujetos que conozcan más el tema sino a los mejores expositores del mismo; a quienes sean capaces de transmitir una vivencia, implicándose, ofreciendo un testimonio poco común. Si los personajes no son capaces de mostrar sentimientos delante de la cámara se convierten en personajes secundarios. Obligan a los “otros” recursos narrativos a efectuar un trabajo doble: contar la historia correctamente sin sus apoyos naturales. La ausencia de protagonistas desequilibra el relato. Hay que repetirlo una y otra vez: una película documental muy raras veces funciona sin protagonistas y por lo tanto sin emociones.

Sin embargo también hay muchos documentales sin personajes. Las « emociones » también pueden caer en otras manos. Por ejemplo, en la voz de alguien habla afuera de la pantalla, o bien con imágenes que no tienen personas, sino objetos, casas, dibujos, mapas, avenidas solitarias, en fin. También hay obras sostenidas por el tejido invisible de una narración abstracta. Finalmente por otros recursos, tales como la música, el silencio, los ruidos, los planos de archivo.

Creo que la emoción es irreemplazable. No pudo imaginar un documental sin ella. La emoción es un sentimiento que se esconde detrás de casi todos los movimientos de la vida y por lo tanto nadie es puede escapar de ella.

ELEGIR LOS PERSONAJES

Es quizá la tarea más importante del director cuando explora sus escenarios. No es la búsqueda acumulativa de algunas personas vinculadas al tema sino el arduo trabajo de detectar, descubrir verdaderos implicados en el asunto y “construirlos” para el cine. Hay que localizarlos, fotografiarlos y después rodarlos en muchas actividades de su vida: monologando, dialogando, trabajando, viajando o guardando silencio. Los personajes principales son el cuerpo dinámico de la idea central. Son los portavoces del guión y casi siempre son mejores que el guión.

En posible haya que jugar con protagonistas y antagonistas, es decir, es interesante que haya que trabajar personas que entren en conflicto y se contradigan delante de nosotros, buscando siempre el contrapunto, para que el tema fluya por si mismo. Así nos separamos de partida y para siempre de los documentales con personajes opacos explicativos que tienen un narrador poderoso que se traga literalmente toda la película.

Una última observación. Los personajes del cine documental no son pagados. Para tomar algo de ellos hay que convencerlos, persuadirlos. Muy raras veces se construye un personaje con sus imágenes robadas. Aún cuando el director discrepe con alguno de ellos, tiene la obligación de respetar su punto de vista.

El autor documentalista debe tener una mirada que comparta con ellos. Esta generosidad en ambos sentidos no se da en esta forma tan clara en la ficción. En el cine documental se establece un compromiso ético del autor con sus personajes. Naturalmente, esto no quiere decir que el director asuma como propias todas las opiniones ajenas. Pero cada personaje tiene el derecho a ser “lo que es” adentro de la pantalla (y no afuera). Uno puede ejercer presión, discutir, callar, mostrar desconfianza, ironía, sarcasmo, etc., con ellos, pero siempre adentro del cuadro y por lo tanto delante del espectador.

LA ACCION

No siempre los personajes principales ofrecen una rica acción que mostrar en la pantalla. Muchas veces narran su historia sin abandonar el sillón, estáticos, sin moverse un centímetro. En estos casos hay que tomar nota de las acciones implícitas que nos están contando --acciones en el pasado o en el presente-- para visualizarlas más tarde con la ayuda de imágenes complementarias: fotos, dibujos, ilustraciones e imágenes de archivo. De esta manera el personaje abandona el sillón y empieza a desplazarse por el “interior del relato”, creando así un poco de acción para nuestra película. Precisamente, una forma de evaluar la calidad del personaje es anotando las acciones, hechos y situaciones que nos propone. Es una forma de medir su elocuencia cinematográfica. Un sujeto demasiado parco que calla todo el tiempo puede convertirse en algo interesante, singular, pero lo habitual es que hable –un poco o mucho-- del tema, aún cuando tenga dificultades físicas para expresarse… Los personajes más apetecibles son aquellos que no sólo recuerdan y evocan una determinada historia, sino que empiezan a reconstruirla, a revivirla delante de nosotros, frente al equipo, desplazándose de un lugar a otro y por lo tanto generando acciones y, con ello, reforzando su credibilidad.

En una oportunidad, Chris Marker me confesó que para él no existía nada tan importante adentro de un documental “como la acción” Por ejemplo, decía, si estamos haciendo una película sobre el cuerpo de bomberos hay que mostrar con detalles un incendio completo, como mínimo. Nunca tendrá el mismo efecto para los espectadores filmar a posteriori los restos de la casa destruida. El equipo de documentalistas debe saber estar cerca de los hechos y de las acciones. Sin embargo, como no somos periodistas, estos hechos pasan inadvertidos para nosotros, no nos damos cuenta de esos instantes preciosos. Estamos dispuestos a trabajar mucho tiempo en una determinada historia, sin la urgencia a la que están obligados los periodistas. Muchas veces nos falta la pasión de ellos. Hasta aquí un pensamiento de Chris Marker que me transmitió personalmente.


PREPARACION DEL RODAJE

El que hace no-ficción
se lanza siempre a un viaje
hacia lo desconocido, a lo incierto

(Erwin Leiser)


Así llegamos a la tercera versión del guión, que surge inmediatamente después del viaje de localizaciones. Muchas veces ni siquiera se “escribe” esta versión sino que aparece de forma fragmentada: pequeñas anotaciones al borde de la página, rápidos apuntes manuscritos en papeles separados, cuadernos de viaje con observaciones, escaletas con nuevas secuencias. Son los primeros síntomas de una eficaz improvisación avalada por la investigación ya hecha. Con estos papeles en la mano uno puede empezar el rodaje de manera controlada, siempre atento a la aparición de cualquier sorpresa.

Mantener la mirada “abierta” es un requisito insoslayable. Si uno actúa demasiado apegado al guión primitivo corre el riesgo de abandonar la “energía” de los hechos inesperados que nos presenta el rodaje. Una película documental constituye una búsqueda --una expedición-- donde los imprevistos son tan importantes como las ideas preconcebidas. Esta es la esencia de la creación documental. Mantener el equilibrio entre lo nuevo y lo ya previsto es una facultad que el cineasta documental debe aprender a ejercer todo el tiempo, tanto como el cameraman a dominar la luz en las condiciones más inesperadas y al sonidista a buscar la acústica y sortear los ruidos molestos. Todo ello sin renunciar al nivel estético. Abrirse a la realidad no significa abandonar el buen gusto ni justificar los fallos artesanales que puedan ocurrir.

Asimismo hay que respetar la frontera económica –el dinero, el presupuesto-- que es el resultado de las versiones anteriores del guión. Hay que jugar con los números, intercambiando las primeras necesidades económicas por otras nuevas, pero del mismo valor. Es decir, eliminar una secuencia y reemplazarta por otra que cueste lo mismo, sin asfixiar los medios ya previstos o hablando inmediatamente con el productor cuando se descubren cambios muy buenos más allá de todas las previsiones.

Aunque a primera la relación “dinero-improvisación” parece bastante complicada no lo es tanto en la práctica. Todo depende de la flexibilidad del productor. Las obras documentales pueden tomar varios caminos a la vez sin traicionar su significado. Al contrario que en la ficción, la estructura de un guión documental está “abierta” todo el tiempo. El trabajo de guión continuará en el montaje. Esto permite muchos cambios y reajustes de la película y de su presupuesto. Al menos más que en la ficción y sin alterar el precio final que ya estaba previsto.

EL GUION FINAL SE REESCRIBE EN LA MESA DE MONTAJE

La versión número cuatro y definitiva del guión se hace en la oscuridad de la sala de montaje. Es aquí donde por primera vez se pondrán a prueba los distintos métodos del rodaje y la eventual eficacia de los guiones precedentes.

Al llegar a la sala de montaje hay que considerar, en primer lugar, que la obra sigue “abierta”. Esta abierta porque los resultados de la filmación fueron ligeramente o profundamente distintos que las ideas que estaban marcadas en el guión. Siempre son distintos los resultados. Esto es normal, siempre ocurre asi. Nunca las premisas establecidas pueden trasladarse intactas a los planos filmados. No existe una equivalencia exacta entre un texto escrito y una imagen.

Pero en este género, incluso una filmación que modifica mucho el guión acordado, es una garantía para ser visto como un buen copión. Así ocurre siempre. Pueden citarse innumerables ejemplos: algunos personajes que eran claves se convirtieron en secundarios y viceversa; ciertos escenarios resultaron mejores que lo planeado; aquella secuencia explicativa quedó en realidad muy confusa; etc.

Esto nos obliga, en la sala de montaje, a buscar una estructura nueva (o varias estructuras nuevas), reescribiendo con estas imágenes la película definitiva. No es que el montaje “nos fabrique” la película, al ensamblar milagrosamente algunas pocas (o muchas) imágenes sueltas o improvisadas. Lo que realmente ocurre es que tanto el montaje como la escritura del guión --unidos en la búsqueda común de una obra-- avanzan juntos en la oscuridad de la sala. Hay un momento en que el montaje “se adueña” de la película y avanza más allá de su propio terreno (el ritmo, la continuidad, la síntesis) entrando en otra fase, codeándose con el guión. Pero hay otros momentos en que el montaje sucumbe, cuando la fuerza documental de las imágenes, con su tiempo real, no admite un exceso de manipulación; cuando la energía de los planos de la vida real se sitúa por encima del tiempo que debe durar la película. Es decir, cuando la realidad supera al cine.

En todo caso, buscar una estructura nueva al pie del Avid no significa rechazar todo lo que se ha hecho en el rodaje. Muy por el contrario. La mayoría de los aciertos se sostienen solos. Si no se conservaran estos elementos hondos de la obra, su energía mágica, no podríamos montarla con ninguna estructura nueva. Los sentimientos, las emociones, por ejemplo, que proyectan algunos personajes se mantienen; las contradicciones que hay entre ellos también; el efecto realidad que emana de las principales situaciones también, así como la elocuencia y extensión de algunos planos; etc. Estos materiales de buena calidad nos conducirán a un montaje de buena calidad. No es milagroso el montaje documental. Unos planos débiles darán como resultado un montaje mediano. Muy raras veces el montaje documental altera la substancia primitiva del material.

EL NARRADOR, LAS ENTREVISTAS

Sin abandonar la sala de montaje, es oportuno hablar de otros dos agentes narrativos ya señalados en la lista precedente: las entrevistas y la voz del narrador, esta última muy fomentada por la escuela de John Grierson en los albores del género.

En los años 1920 y 1930 todo era imagen. No había nada que disminuyera la grandeza de la imagen. La totalidad de los documentales de los tiempos de la fundación eran pura imagen, desde “Nanook” (Flaherty) hasta “Tierra sin Pan” (Buñuel). Después, con la aparición del sonoro, llegaron los documentales cubiertos de palabras. Eran filmes narrados, explicados y a menudo gritados por la voces de los narradores. Durante muchas décadas los documentales habrían podido ser escuchados en lugar de ser vistos, como los programas de la radio. La voz en OFF invadía todo y hacía polvo el significado de las imágenes.

Afortunadamente hoy día estamos atravesando un período intermedio. Con la invención del sonido sincrónico --en los años 60-- gradualmente apareció una tendencia nueva: algunos films consiguieron expresarse por si mismos (sin voces en OFF ni tampoco con letreros escritos). Por ejemplo, las obras de Marker, Haanstra, Rouch, Weisman, Malle, Van Der Keuken, tienen esta característica.

El sincrónico, sin embargo, nos trajo una calamidad nueva: las entrevistas convencionales que hoy día ocupan tanto espacio como el antiguo narrador. Muchas películas se llenaron de rostros, figuras y bocas parlantes que echaron por tierra toda la evolución conseguida. Creo que ya lo dije antes: una entrevista deja de ser convencional cuando desde ella empieza a surgir un personaje auténtico, de carne y hueso, que nos conmueve y nos lleva hacia otra dimensión de la comunicación --una dimensión más honda--. Deja de ser convencional cuando se alternan los escenarios donde aparece; cuando la iluminación y los movimientos de cámara se ponen a su servicio; cuando el lenguaje cinematográfico supera al “busto parlante”; cuando se ejercita una puesta en escena. Las entrevistas rápidas y convencionales quedan reducidas a los personajes secundarios, dosificando su utilización. Las entrevistas más brillantes son reservadas para los protagonistas y seguirán llamándose “entrevistas”, en la jerga del cine, pero sólo desde un punto de vista técnico. En realidad se trata de secuencias.

¿Evolucionó del mismo modo la voz en OFF?... También el narrador ha recuperado ahora su verdadero lugar. Se le emplea cuando hace falta: para explicar o añadir algunos pormenores necesarios en la historia o para sintetizar otros. Una mayoría de realizadores lo utiliza de esta manera o más ampliamente. Hoy como ayer, sigue habiendo grandes “cineastas de la palabra” (Chris Marker en Francia y Pierre Perrault en Québec, los ejemplos más intimistas) y también continúan existiendo realizadores que escriben mal. Una importante cantidad de filmes zoológicos y de divulgación sigue anclada en la voz en OFF de los años cuarenta.

LA VOZ DEL AUTOR

Desde antes de la aparición del directo, un número de directores utilizó su propia voz para contar la historia que nos proponían: François Reichenbach en “América Insólita”, Henri-Georges Clouzot en “El Misterio Picasso”, el mismo Perrault en “Cabeza de Ballena”. Otros utilizaron textos de gran intensidad, leídos por actores, controlados por el realizador, como “Morir en Madrid” de Fréderic Rossif. En el fondo eran las voces de “recambio” de los propios autores, que buscaban una comunicación más dramática y más acorde con su sentimientos. Más tarde --con la llegada definitiva de la subjetividad en los años 1980 y 1990-- la voz del autor ocupó un espacio cada vez más interesante y protagónico.

Susan Meiselas, Pia Andell, Mercedes Alvarez, François Caillat, Ricardo Iscar, Raymond Depardon y muchos otros relatan ellos mismos sus obras. También han surgido documentales contados por autores (en OFF) que nos hablan de cualquier cosa, a veces, sin tener ninguna relación directa con la imagen que estamos viendo (“Moscow X”, de Ken Kobland, por ejemplo).

Todo lo anterior viene a indicarnos que el empleo de la voz en OFF como recurso ha superado el abuso y manierismo a que fue sometido durante tanto tiempo --como las lentes angulares o el zoom en el campo de la óptica-- y que hoy día es un recurso mucho más libre, más personal, más íntimo, más cerca de los autores (y de la forma) para que cuenten su historia.


©Patricio Guzmán, Montréal, 1997.