4) EL DOCUMENTAL CHILENO

EL DOCUMENTAL CHILENO, UNA MIRADA PANORAMICA

  

La historia del cine documental chileno ocupa media página. Si fuera una banda sonora duraría pocos segundos. Es como un relámpago que apenas figura en los diccionarios. Casi no viene en las revistas principales.  

Sin embargo es una corriente audiovisual valiosa, indispensable, significativa, que describe nuestra realidad. En pocas décadas, Chile atravesó el capitalismo feudal, el frente popular, la democracia cristiana, la revolución socialista, la dictadura militar y el neoliberalismo y todo se puede ver en los documentales. Parece mentira.

Una historia acelerada y un “cine de la realidad”, cuyo primer gran momento estelar se produjo en los tiempos de Allende.

Como en casi toda América Latina, el género llegó a Chile con las actualidades y las películas de viajes exóticos en los años 20, y desde entonces se implantó en el país

Un joven Joris Ivens apareció en los años 60 para filmar un cortometraje, “A Valparaíso” y después para acompañar a Pablo Neruda y Salvador Allende, en una de sus históricas campañas presidenciales, de dónde salió un film extraordinario e irreemplazable, “El Tren de La Victoria”, en 1964.

El montador de esta última película era un joven arquitecto llamado Sergio Bravo, el primer cineasta documental de Chile (que filmó “Mimbre”, “Trilla”, “Láminas de Almahue”, “Días de Organillo”, entre muchos otros) quien empezó a trabajar a partir de 1957. Le siguieron Rafael Sánchez, Pedro Chaskel y Armando Parot.

Durante el gobierno de la Unidad Popular casi todos los cineastas de ficción hicieron más de una película documental, como Raúl Ruiz, Silvio Caiozzi, Helvio Soto, Aldo Francia o Miguel Littin, tal vez porque la realidad era tan poderosa que ninguno pudo escapar a ella.

Pero también apareció una generación de documentalistas especializados que se puso al pie de los cambios políticos que proponía la revolución pacífica de la Unidad Popular y sus contradicciones. Fue un cinema-verité realizado al pie de los acontecimientos, tan imperfecto como necesario, bajo la influencia del brasileño “Cinema Novo” (Glauber Rocha), del movimiento argentino Cine de la Base” (Pino Solanas), del grupo boliviano Ukamau (Jorge Sanjinés). Y del cubano Santiago Álvarez.

Tal vez las obras más importantes de este período (1970-1973) fueron “Venceremos” de Pedro Chaskel y Héctor Ríos; “Los puños frente al cañón”, de Orlando Lübbert y Gastón Ancelovici; y “La batalla de Chile I-II-III”, de Patricio Guzmán.

Después del golpe de estado (del 11 de septiembre de 1973) un grupo de realizadores se estableció en varios países de Europa y América, donde siguieron trabajando y realizaron más de 100 películas, casi todas ellas documentales, sobre la realidad chilena. Fue el grupo más fuerte de “cine en el exilio” que se haya generado nunca en América Latina formado por personas que salieron de Chile en distintos momentos de la dictadura, tales como: Gastón Ancelovici (exiliado en Canadá), Jaime Barrios (exiliado en Estados Unidos), Alejandra Carmona (Alemania), Samuel Carvajal (Alemania), Carmen Castillo (Francia), Sergio Castilla (Suecia), Patricio Castilla (España), Pedro Chaskel (Cuba), Jorge Fajardo (Canadá), Leopoldo Gutiérrez (Canadá), Patricio Guzmán (España y Francia), Patricio Henríquez (Canadá), Douglas Hübbner (Alemania), Orlando Lübbert (Alemania), Marilú Mallet (Canadá), Emilio Pacull (Francia), Andrés Racz (Estados Unidos), Alvaro Ramírez (Alemania), Ronnie Ramírez (Bélgica), Paula Rodríguez (Alemania), Raúl Ruiz (Francia), Valeria Sarmiento (Francia), Claudio Sapiaín (Suecia), Angelina Vázquez (Finlandia), etc. 

Una parte del grupo regresó a Chile durante “los años de plomo” o después de la caída de Pinochet. Pero muchoe de ellos –tanto adentro como afuera del país--, siguieron haciendo documentales sobre la realidad chilena hasta hoy.

Durante los momentos más siniestros de la dictadura, la policía de la dictadura asesinó al cameraman Jorge Müller Silva y a su compañera la actriz Carmen Bueno, que hasta hoy día forman parte de la lista de los 3.200 desaparecidos y ejecutados.

En esos años difíciles, el cine documental resurgió con los reportajes temerarios que realizó Pablo Salas durante los 17 años de la dictadura, con riesgo personal y pocos recursos económicos (una crónica filmada de la resistencia popular). Le siguieron otros cineastas de la época con el mismo espíritu: Hernán Castro, Jaime Reyes, Pablo Basulto, Germán Malig, Raúl Cuevas y Augusto Góngora, que hicieron reportajes hasta el último día del régimen de Pinochet en 1990. 

En el campo del documental de autor se destacaron las obras de Ignacio Agüero, David Benavente, Pedro Chaskel, Carlos Flores, Guillermo Cahn, Juan Carlos y Patricio Bustamante, Cristián Leighton, entre otros, mientras Francisco Gedda filmó durante 15 años una serie monumental de naturaleza y ecología.

Un poco más tarde --en 1997—yo fundé el FESTIVAL DOCUMENTAL de Santiago de Chile (FIDOCS), como una forma de aglutinar a los realizadores nacionales y dar a conocer la producción documental internacional, en especial la europea, que hasta la fecha había permanecido censurada o desconocida en Chile. Año tras año, este Festival exhibe obras de los chilenos que viven adentro y afuera de Chile.

Después --en 2000-- los realizadores crearon una organización profesional, ADOC-CHILE, un espacio de análisis y defensa del documental y una plataforma para difundir el género. Es también un caballo de batalla para defender el documental en las esferas audiovisuales de Chile.  

En la actualidad puede hablarse de un MOVIMIENTO documental con creadores diversos y de muchos estilos (jóvenes o menos jóvenes), que producen con medios propios o la ayuda económica de algunas casas de producción y sobre todo con la contribución del FONDART, una fundación del Estado (hoy llamada “Fondo de Fomento Audiovisual”).

La memoria colectiva, la memoria histórica, el análisis del pasado y del presente predominan en la temática en muchos casos. Sin embargo los caminos de la subjetividad, la experimentación y la búsqueda formal están presentes con mucha fuerza.

Al margen de los ya nombrados, algunos de los creadores actuales (en el año 2004) son: Cristián Aylwin, David Bravo, Gloria Camiroaga, Paola Castillo, Tevo Díaz, Carolina Disegni, Susana Foxley, Lily Gálvez, Sergio Gándara, Carlos Klein, Esteban Larraín, Claudio Mercado, Rolando Opazo, Iván Osnovikoff, Carmen Luz Parot, Bettina Perut, Joanna Reposi, Lotty Rosenfeld, Antonia Rossi, Marcela Said, Rodrigo Sepúlveda Francisco Schultz, Dauno Tótoro, Iván Tzibulka, etc.

Mientras este movimiento crece y se expande, los grandes canales de  televisión le dan la espalda. Algunos programadores tienen miedo a las obras críticas, polémicas o de simple exposición del pasado histórico; se asustan del cuestionamiento más leve de los “padres de la patria” o “héroes oficiales” ; no soportan la homosexualidad; el aborto; no se atreven a desmontar los abusos de ciertas empresas privadas; temen la crítica a los actuales jefes políticos, religiosos o militares; sienten temor a muchas facetas de la sociedad civil.

El resultado es contradictorio en un país cuya transición política no concluye nunca, no inventa caminos nuevos, no atesora los buenos tiempos, no habla consigo mismo, a pesar de los esfuerzos que han hecho algunos gobiernos democráticos desde 1990. 


                                              

PG.
Paris, abril 2004

Artículo para la primera semana chilena del
documental en el cine Le Latina de París.