7) LAS IMAGENES PERDIDAS

LAS IMAGENES PERDIDAS


En América Latina la medición del tiempo o incluso la velocidad del mismo pertenecen al campo de lo imaginario. La historia se mide tomando como referencia los golpes de estado, revoluciones, terremotos, huracanes y guerras civiles que nos acontecen. Son acontecimientos tan impresionantes que las fechas se recuerdan como «el año del golpe, «el año de la revolución», «el año de la epidemia», etc.

El «año del cine» también nos trae a la memoria otra catástrofe: Latinoamérica es uno de los continentes donde más negativos cinematográficos se pierden por año. Es tal la cantidad de imágenes extraviadas  que se ha borrado una parte de la historia del cine y por eso el cine nos parece más joven. 

Como nuestra prehistoria cinematográfica se ha esfumado --casi íntegramente-- no existe memoria para recordar lo que no se ha visto. La mayoría de las imágenes del período mudo se evocan por medio de la prensa. No es exagerado afirmar que la desaparición de los negativos de las primeras décadas del siglo crea en nosotros la impresión de que el cine fue inventado sólo en los años 40.

Pero incluso muchas producciones actuales también se han perdido. En los países más pequeños --o más pobres-- es común la desaparición de negativos relativamente nuevos. Conozco algunos realizadores de mi generación que han perdido el negativo de un largometraje. Yo soy uno de ellos[1]

En pocas regiones del mundo las filmotecas tienen tan escaso apoyo como aquí. Además, los laboratorios se declaran en quiebra periódica y los directores mueren sin alcanzar a recordar dónde están las bobinas de sus obras diseminadas por todas partes.

La zozobra que producen las dificultades económicas por las que atraviesa la Cinemateca de Cuba y el pánico que provocó el incendio parcial de la Filmoteca de México --baluartes de la conservación en el continente-- ponen de relieve la necesidad para movilizarnos y detener el drama de las imágenes perdidas.

¿Qué hacer?

No tengo la menor idea.

Pero aprovechando el centenario del nacimiento del cine (sobre todo del cine europeo), propongo que en todos los certámenes cinematográficos se abra un debate público para crear una Comisión de Conservación y concebir a corto plazo un plan para incorporar el rescate de la memoria filmada en América Latina.

Con sólo escribir el «libro negro» que describa la alteración, veladura, desprendimiento de la emulsión, rayas, perforaciones devastadas, etc., de las grandes obras de este cine castigado, obtendríamos al menos la toma de conciencia sobre un asunto tan dramático.  

No es mucho por el momento.

Sin embargo este centenario podría transformarse en el punto cero para la defensa de los negativos del cine que hemos hecho y con ello contribuir a salvar la imagen y la palabra de uno de loslugares más abandonados del mundo

                                      

                                                 PG.
Madrid 1995.



[1] «El Primer Año», cuyos negativos originales, depositados en la Escuela de Artes de la Comunicación de la Universidad Católica de Chile, desaparecieron después del golpe de Pinochet.