8) MANCHAS EN NEGATIVO

MANCHAS EN EL NEGATIVO

                     

                                     Sobre la utilización de la ficción adentro del cine documental


Cuando presenté por primera vez «La Cruz del Sur» en numerosos festivales internacionales de la época (1992-95) tuve la satisfacción de obtener muchas críticas favorables y cuatro primeros premios. Sin embargo me encontré también con muchos colegas y periodistas que subestimaron la película, porque yo mezclaba el documental con algunas secuencias de reconstrucción.

Existe una corriente de opinión que no acepta que el documental se contamine con otros géneros (la ficción, en este caso) que defiende una forma de «purismo», cuando precisamente estamos empezando a vivir una cultura de la mezcla.

Recientemente --al estudiar el trabajo, por ejemplo, de los grandes documentalistas—he verificado que va quedando bien poco del primer cine directo que inventó Frederick Wiseman o Jean Rouch en su forma primitiva, tal como ellos lo ponían en práctica. No digo que su influencia haya desaparecido. Ellos mismos han evolucionado de manera interna (muy sobriamente) pero han evolucionado. En realidad creo que el cine directo que ellos inventaron no se extinguirá nunca. El cine directo es parte sustancial del cine documental. Sus rasgos, sin embargo, ya no se encuentran en estado puro.

También han desaparecido otras polémicas estériles como «objetividad» contra «subjetividad»; hay consenso de que el cine documental es una forma de representación, no una ventana de la realidad. Y que mezclar los géneros, una vieja tendencia literaria muy utilizada en América Latina, se está imponiendo con cierta frecuencia en todas partes.


                                                                           Mezclar para asegurar lo nuevo.

El punto de encuentro, el contacto, entre los géneros diferentes, asegura sin duda el descubrimiento de algo distinto. Permite alcanzar un enriquecimiento, una apertura, el hallazgo de otras posibilidades; recursos y modos nuevos que permiten asegurar la continuidad del documental en el futuro.

Frente a la invasión de imágenes fraudulentas (falsas noticias, falsas entrevistas, falsos reportajes, que hoy día vemos con tanta regularidad en la televisión), no deben combatirse sólo con documentales puristas. No podemos atrincherarnos en el purismo,  revestirnos de pureza --falsa también-- puesto que el aislamiento conduce al encierro, a la repetición inútil, al retrato inmóvil de la vida que es puro cambio, movimiento y mezcla.

La variedad, la diversidad, siempre conducen al campo de lo sorprendente. El afán de ir más allá, la apertura, igual que el pluralismo en un sistema político, garantizan el crecimiento y la invención de formas nuevas.

Durante décadas, una parte del cine documental estuvo preso en la cárcel del realismo, siguiendo recetas que producían películas que nos parecía ya haber visto antes.

Estimo que hoy no basta con acumular datos y hechos. Los que trabajamos y nos movemos en este espacio no podríamos acercarnos a la realidad no visible que veía Cervantes o Kafka. Hay que ir más allá: enseñar lo que no sabemos, mostrar lo que no vemos.

Nuestra cultura Latinoamericana (india, judía, negra, europea, árabe) ya no cabe en la exigencia de una sola realidad. Sólo el contacto y las diferencias aseguran el factor creativo. Aprovechar esta riqueza conduce a la ampliación de la palabra «documental».


PG.
Madrid, 1995.