EL YATE GRANMA

GRANMA, EL BARCO DEPORTIVO MAS FAMOSO DEL CARIBE


INTRODUCCION

“Granma” es el nombre del yate de recreo más conocido del mar Caribe, hoy en día propiedad del gobierno cubano.
“Granma” es una palabra inglesa que literalmente significa “abuelita”. Es una abreviatura y una contracción de la palabra “grand-mother” (abuela). “Granma” es también el nombre del principal órgano de prensa del partido comunista de Cuba (cuyo nombre en castellano sería, también, “Abuelita”). Esta película es la historia del yate, cuyos primeros dueños fueron dos hermanos norteamericanos que eran aficionados a la pesca en la década del 50 y que vivían en Miami.  Ya un poco viejo, el barco fue vendido a una familia mexicana de apellido Fuenzalida, que desplazó la nave hasta el puerto deportivo de Tuxpán, cerca de Veracruz (México) para repararlo.
Hacia 1956 el barco fue puesto a la venta por segunda vez. En ese preciso momento el “Granma” salió mar afuera y empezó a navegar por la Historia.



                                                                                                    PRIMERA PARTE

1. UNA TRAVESIA FELIZ

Hace cuarenta años, en pleno verano tropical, un hermoso yate deportivo cruzó lenta y parsimoniosamente el golfo de México con cuatro hombres en la cubierta.
Tenía una buena cabina para el puesto de mando y dos cómodos puentes con sillones para descansar y pescar. Por las tardes uno de los tripulantes lanzaba el anzuelo y esperaba a que las grandes piezas del Caribe picaran. Cuando había suerte, a media tarde, conseguía izar a bordo un pez espada o un pez martillo, los dos manjares más apreciados de la zona, que los tripulantes preparaban directamente en una barbacoa que había junto a la borda.
Muchos guardacostas norteamericanos --que pasaban a pocos metros-- evitaban acercarse demasiado para no verse envueltos en el aroma del pescado recién hecho con tomillo, perejil y cebolla, al estilo mexicano, que preparaba el hombre más corpulento y alto del grupo. Los marines con cara de hambrientos saludaban con el brazo y se alejaban del yate lo más aprisa posible.
A veces aparecían nubes de gaviotas y pelícanos con la esperanza de pescar las sobras, llenando el aire con sus aleteos y graznidos. También pasaban aviones militares con base en Miami, que ayudaban sin mucho éxito a los patrulleros en la búsqueda de algunos contrabandistas de la zona. Los pilotos, desde el aire, sentían una poderosa sensación de envidia cuando veían con sus modernos anteojos gemelos aquellos cuatro hombres comiendo, riendo y bebiendo, y más de uno pasó en vuelo rasante para interrumpir la francachela.
Todas las mañanas, un empleado mulato que cantaba mientras iba de un lado al otro, barría la cubierta y a veces lavaba algunas prendas en la popa del barco. En ese extremo del navío había un pequeño mástil con dos banderas: la mexicana y la de un club de pesca de Tuxpán, un diminuto puerto deportivo de Veracruz.

2. LA VIDA EN CUBIERTA
   
Cuando la mar tropical estaba en calma --en la tarde la superficie parecía completamente lisa como un plato--, el hombre más alto y corpulento mataba las horas disparando al blanco con algunas armas largas que otro tripulante le traia desde la bodega.
El criado mulato se encargaba de poner los blancos, que eran numerosas latas de conserva vacías, en la proa, y se ocultaba como un felino entre disparo y disparo. El tirador tenía buena puntería y sabía de armas. Corregía las mirillas telescópicas y limpiaba el cañón con una estopa con grasa. Parecía el rico jefe de un cómodo safari africano.
En capitan del yate, un hombre afable y de modales finos, pasaba las horas dibujando líneas en la carta de navegación armado con una regla y un compás. Mantenía la nave a siete nudos por hora, la velocidad normal de las embarcaciones deportivas de la zona, mientras esuchaba música mexicana sin parar. Unos delfines acompañaban el barco, en el  frente y los costados, saliendo y entrando como locos entre las pequeñas olas. También había cientos de peces voladores en el horizonte. 

3. LA NOCHE TROPICAL

Durante las noches, sin embargo, cuando el agua era una mancha negra y el casco desaparecía en la oscuridad, ocurría algo sorprendente. Muchas siluetas (no solamente cuatro) salían de la cabina para estirar las piernas y moverse en silencio. Una tripulación fantasma de varias decenas de sombras animaba el crucero a partir de las once de la noche, sin hacer ningún ruido. La radio y las luces permanecían apagadas mientras los motores aminoraban la marcha para eliminar el zumbido que venía de la sala de máquinas.
En las oscuras entrañas del barco viajaban ochenta hombres bien armados y pertrechados, con cajas de municiones, mochilas, uniformes tanques de agua, bidones de combustible y dos cañones antitanques. Tenían  un firme propósito:  iniciar la guerra de liberación en Cuba.
El barco había salido de Tuxpán --México-- la noche del veinticinco de agosto de 1956, también con las luces apagadas y los motores a media marcha para no ser descubierto por la policía. Los hombres apenas podían respirar en aquel espacio insignificante y la mayoría se había mareado el primer día con las olas del Caribe. El médico de a bordo --un argentino bastante joven de nombre Ernesto-- había olvidado la caja con las píldoras contra el mareo y hacía lo imposible para que las aspirinas alcanzaran para todos.
Durante la tercera jornada, el nivel del mar subió por encima de la línea de flotación y el agua empezó a filtrarse por las unión de las tablas resecas, a causa del sobrepeso. Hubo que formar una cadena humana para achicar el agua con cubos. Se inundó la sala de máquinas y se aligeró la carga tirando varios paquetes por la borda. Uno de los motores empezó a vibrar más de la cuenta, quizá anunciando una avería de los ejes. Con el ruido, el hacinamiento se hizo más insoportable. Eran ochenta cuerpos en doce camarotes, un saloncito, dos escaleras, el cuarto de baño y la sala de motores. Nadie se movía para no perder su espacio. Para desplazarse había que apartar brazos, cuerpos, cabezas, pues todo estaba ocupado. 

4. UN BAÑO REFRESCANTE

Al cuarto día, las vibraciones provocaron el colapso de la máquina y la embarcación siguió avanzando lentamente con uno solo motor. Como hacía buen tiempo y no se veía ningún barco cerca, el hombre alto –que se llamaba Fidel-- permitió que los tripulantes salieran a plena luz para bañarse con baldes de agua en la cubierta, mientras los mecánicos trabajaban abajo. Por la noche se pudieron ver potentes luces a lo lejos y todo el mundo tuvo que esconderse. Algunos patrulleros se acercaron peligrosamente y se dió órdenes al timonel para que cambiara de rumbo. Fidel Castro ordenó que sacaran uno de los cañones a cubierta y se repartieron las armas. A las cuatro de la mañana los guardacostas se alejaron. Fue el primer zafarrancho de combate.
No había pasado más de una hora cuando alguien gritó “¡Hombre al agua!”. Con un solo motor el barco empezó un viraje con las primeras luces del alba. Al cabo de quince minutos se pudo izar al náufrago.

5. MAR GRUESA

La marejada comenzó hacia el mediodía. Los cuatro hombres que estaban en el exterior vieron que el mar se inflaba desde adentro, como una bola, levantando la embarcación hasta dejarla con las hélices afuera. Después vino el tirón hacia abajo y el agua espumosa barrió la cubierta y entró en la cabina. Con la próxima ola se escuchó otra vez el ruido de las hélices girando en el vacío. Asi estuvo el yate zarandeado durante seis horas interminables, casi sin avanzar. Hacia el crepúsculo el motor averiado pudo volver a funcionar. La velocidad se multiplicó. Antes que anocheciera se vió la clara luz del faro cubano del Gran Caimán.

6. HACIA LA COSTA

A la mañana siguiente el barco entró  en el canal de Níquero, cerca del litoral. El navío había cumplido su misión, aunque con varias jornadas de retraso. Cerca de las diez pasó un helicóptero artillado pero siguió de largo. A las once Fidel Castro reunió a toda la tripulación y designó tres capitanes y seis jefes de escuadra. Se repartieron los uniformes, cananas, cinturones y botas. Finalmente se distribuyeron las armas y el parque. Cada escuadra escuchó las instrucciones y su itinerario con una mezcla de emoción y de miedo. Después Fidel Castro improvisó unas palabras encendidas y todos cantaron el himno nacional.
El yate fue acercándose a la costa.
Aparecieron los detalles de la hermosa costa oriental de Cuba, cubierta de bosque tropical y altas colinas allá muy lejos, mientras el tanque de combustible estaba practicamente agotado. En los últimos minutos Fidel Castro ordenó aumenar la velocidad.
El barco entró limpiamente en un canal lleno de manigüa hasta que la panza tocó el fango. Un grupo de hombres saltó con el agua a la altura del pecho y formó una fila india adentrándose entre los matorrales. Otros cargaron el bote con las armas más pesadas, las mochilas y las cajas de balas. Unos minutos después todo el mundo pisaba tierra firme. El yate “Granma” quedó intacto, abandonado y solitario, un poco escorado hacia la izquierda.



                                                                                                    SEGUNDA PARTE

7. EL DIA MAS ESPERADO

En esa época, la isla de Cuba vivía un régimen de terror. El general Fulgencio Batista había sumido al país en la bancarrota y la corrupción, cuyo sostén eran el ejército y las fuerzas policiales. A pesar de vivir en un clima de tensión mucha gente guardaba la calma y tenía una cierta esperanza. Todo el mundo sabía que el “Granma” llegaría algún día pero nadie sabía la fecha.
Una serie de hechos rompieron el secreto y ayudaron a Batista. Por ejemplo, varios atentados que hicieron los amigos de Castro --para distraer la atención y permitir un desembarco normal-- causaron el efecto contrario. Como la nave llegó atrasada los soldados, ya repuestos de los ataques, se dirigieron a la costa.   
Un destacamento rodeó la playa de Las Coloradas, donde había encallado el yate, y atacó enseguida. Cogidos por sorpresa, los hombres de Castro fueron vencidos y fusilados en el acto. Sólo se salvaron quince. El “Granma” fue reflotado y los marinos de Batista lo llevaron al puerto de Manzanillo, donde fue presentado a la prensa local y a la televisión de  Estados Unidos

8. LOS SOBREVIVIENTES

Quince náufragos pudieron burlar el cerco y reunirse poco a poco, ayudados por los campesinos de la región. Y emprendieron una larga marcha en dirección a las montañas de la Sierra Maestra. Allí estuvieron ocultos durante mucho tiempo recibiendo ayuda, hasta que lograron crear una fuerza organizada.
Los medios de comunicación extranjeros subieron a verles y fabricaron una leyenda en torno a Fidel Castro y el “Granma”. El barco fue una parte importante del mito guerrillero que circuló en la prensa mundial. En 1958, tres columnas de rebeldes bajaron en dirección al centro del país. Veinte batallas y combates les fueron acercando hasta las misma puertas de La Habana. En la víspera del año nuevo (1959), mientras los partidarios de Batista celebraban las doce campanadas, Fidel Castro y sus hombres tomaron el palacio de gobierno.
Se produjo una estampida :Batista y los suyos huyeron hacia Miami, utilizando todos los yates deportivos y aviones que pudieron encontrar. Después el dictador voló hacia Guatemala y luego a Madrid. Falleció catorce años después en el balneario español de Marbella. El yate “Granma” pasó desapercibido en ese momento, pues estaba anclado en el oriente del país. Pero algunos meses más tarde Fidel Castro visitó el barco, caminando unos momentos en silencio por la cubierta y la cabina de mando. 

9. PASARON LOS AÑOS

La revolución se convirtió en uno de los terremotos políticos más fulminantes del siglo. Por primera vez un grupo armado había tomado el poder, autodesignándose el enemigo principal de los Estados Unidos y proclamando su intención de extender la rebelión marxista-leninista a todo el continente. Otro de los tripulantes del “Granma”, el mítico Ernesto Che Guevara, cruzó la jungla de Bolivia echando las bases de otra guerrilla legendaria
El “Granma” permaneció anclado en el mismo puerto en la zona oriental de la isla, bien protegido, aunque desapareció practicamente de la realidad. Se transformó en el nombre de un períodico, en miles de fotografías, en una referencia obligada.
Por fin, cuando se cumplieron veinte años de la travesía, fue reparado y conducido con gran solemnidad hasta La Habana. Los viejos tripulantes de la lejana expedición (sólo quedaban seis personas junto con Fidel Castro) subieron al barco para surcar por última vez las costas de La Habana. Las calles de la costa se llenaron de gente y casi un millón de personas vino observar las evoluciones del “Granma”. El barco dió varias vueltas en medio del silencio con los héroes saludando desde la cubierta y luego giró detrás del faro… Fue como una aparición irreal.

10. EL VELERO EN LA BOTELLA

Mucho después el barco fue sacado del agua, pintado y maquillado para la posteridad. Se construyó una cápsula de cristal delante del antiguo palacio de gobierno, que parece un acuario descomunal varado en la costa, de apariencia insólita. Una mañana de otoño el yate fue transportado arriba de grandes camiones que cruzaron La Habana otra vez con bandas militares y una escolta de honor. La gente se asomó a los balcones y vió pasar la nave flotando a la altura de sus ojos.
El barco fue depositado adentro de la urna, como esos diminutos veleros adentro de una botella, donde ahora, convertido en pieza de museo para el asombro de los niños y los turistas, es vigilado por una guardia de cadetes inmóviles.
Se ha convertido en un símbolo tangible de una proeza cuyos resultados han desaparecido en el presente (igual como ocurrió en Rusia con el crucero “Aurora”, el barco que inició la revolución bolchevique, anclado en San Petesburgo). Cuando el Papa Juan Pablo II fue llevado hasta las escalinatas del reluciente “Granma”, lo observó con un gesto de  curiosidad que duró unos pocos segundos. Como tantas otras personas que pasan sin mirarlo, se alejó del catafalco en medio de calor sofocante rodeado de guardaespaldas.


                                                                                                         FIN


@PG. Madrid 1988.