LOS HEROES SILENCIOSOS

LOS HEROES SILENCIOSOS


                                                                                                      INTRODUCCION

Vivimos un tiempo muerto sin grandes pasiones colectivas, lejos de las arrolladoras utopías de los años 60 y los 70. Las palabras “revolución” e “insurrección” provocan algo de ironía, a pesar de que cada día presenciamos numerosos motines en todas partes. Sin embargo estas revueltas no significan mucho: la incredulidad hacia las ideologías es más poderosa que los hechos. Tanto en el pasado como hoy las causas de la revolución siguen estando presentes en todas partes. Pero el resultado se ha vuelto poco imaginable después de tantos fracasos. 

¿Qué pasará con el cambio de milenio? ¿Habrán desaparecido los rebeldes del mundo?

Esta película pretende mostrar la vida sencilla de dos héroes chilenos que cruzaron el umbral de la Historia varias veces. Se trata de hombres pragmáticos que han vivido haciendo cosas. Por eso, el narrador en OFF (mi propia voz) hará la síntesis indispensable para que nunca se detenga el flujo de los acontecimientos, en tanto que la cámara los seguirá y mostrará en todos los países por los que han pasado. No se trata de imágenes realizadas en el salón de sus casas (y despues cortadas y resumidas en la mesa de montaje) sino de planos ejecutados en los mismos lugares de la acción.

                                                                                                        LOS HECHOS

Hace 23 años un pequeño grupo de 30 personas con poca munición se enfrentó a cuatro mil soldados de élite equipados con carros de combate y aviones lanzacohetes, durante el golpe de Pinochet. Durante varias horas estos hombres defendieron hasta el final el gobierno democrático de Salvador Allende, atrincherados en el palacio de gobierno (La Moneda) en la capital del país. 

Las fuerzas golpistas al mando de Pinochet arrasaron el último símbolo de la democracia en América Latina. El infierno duró  cuatro horas. Una parte del  edificio fue destruido y Salvador Allende murió después del bombardeo. Los sobrevivientes fueron apresados, torturados y fusilados al otro día. Sin embargo, el azar permitió que unas personas se salvaran.

Juan Osses, escolta de la guardia presidencial, en lugar de ser llevado a un cuartel para ser liquidado junto con los demás, fue trasladado por error a un campo de concentración y también por azar recuperó la libertad quince días más tarde.

Manuel Cortés, jefe de los choferes y mecánico del palacio, también miembro de la escolta, logró confundirse con los funcionarios de un ministerio y salió caminando entre las ruinas, perdiéndose entre la gente. 

A la semana siguiente el país cambió de fisonomía. Los partidos políticos, los sindicatos, el sufragio universal, fueron prohibidos. De hecho, las libertades públicas, el parlamento, el estado de derecho, la constitución, fueron eliminados. La represión alcanzó hasta el último rincón del país. Se calcula que murieron diez mil personas en dos meses. Un millón de ciudadanos tuvo que salir al extranjero.

                                                                                                         MANUEL


Manuel se refugió en la embajada de México junto con 400 personas donde permaneció siete meses antes de que los militares le concedieran los papeles para salir.

Una vez en México, fue recibido con hospitalidad por el gobierno y con mucho cariño por los antiguos republicanos españoles y sus hijos, que le proporcionaron vivienda y comida. Manuel –un hombre de trato sencillo-- sintió un profundo agadadecimiento con los españoles y se sintió traicionado por el Ejército y los dirigentes chilenos del movimiento obrero, incapaces de prevenir lo que venía.

Igual que otros jóvenes, tomó la firme determinación de estudiar la carrera militar. Para ello viajó a La Habana casi enseguida. Durante cinco años fue cadete y después pasó a la Escuela Superior de Guerra, cuyos profesores eran veteranos de la revolución cubana. Se ganó la amistad de estos hombres legendarios, que 20 años atrás habían combatido codo a codo con el Che Guevara. Se graduó en 1978 con calificaciones sobresalientes.

Después se trasladó a vivir con unidades de combate a distintas regiones de Cuba. Fue jefe de compañía y de batallón, además de profesor de armamento y artillería. Se especializó en exploración y radar. Por sus méritos, Manuel se convirtió en el jefe de los otros chilenos que estaban en Cuba. Eran 150 oficiales muy jóvenes, diplomados en distintas unidades.

Todos querían volver a Chile para iniciar un ejército rebelde contra la dictadura de Pinochet. Sin embargo los partidos políticos chilenos estaban enfrascados en una discusión bizantina acerca del tipo de insurrección que había que hacer.

En ese tiempo --1979-- había estallado la guerra en Nicaragüa y los sandinistas andaban faltos de oficiales para continuar la ofensiva.  Mientras la discusión de los políticos chilenos seguía, los nicaragüences solicitaron la ayuda del grupo de Manuel. Para los cubanos, por su lado, era imposible continuar enviando asesores militares a Managüa por el temor a un escándalo internacional. En cambio, los oficiales chilenos podían pasar inadvertidos y adquirir experiencia de combate mientras sus jefes políticos seguían discutiendo sobre Chile.

Una mañana de abril los chilenos salieron en pequeños aviones de transporte que aterrizaron secretamente en Panamá, donde el presidente Omar Torrijos los movilizó con otros medios para acercarlos hasta la frontera de Costa Rica. A su vez, el presidente de Costa Rica dió el visto bueno para que las fuerzas chilenas atravesaran el país rumbo a Nicaragüa, durante la noche.  

Así se estableció un campamento muy estable –el llamado “Frente Sur”-- donde Manuel encabezó la parte chilena, en tanto que Edén Pastora fue nombrado comandante de la operación. Durante toda la ofensiva que se venía encima Manuel se mantuvo como asesor directo de Pastora.

Después de combatir por aquí y por allá, el “Frente Sur” fue avanzando hasta la capital. En vista de la fuerte presión, el dictador Somoza huyó a Miami el 17 de julio de 1979.

Manuel entró en Managüa una semana más tarde, a bordo de un jeep norteamericano que había capurado hacía poco (y que él mismo había reparado como mecánico que era) al frente de la primera columna de 150 camiones. Se dirigió inmediatamente a la colina de Tixcapa, donde Somoza tenía el búnker, ocupándolo militarmente. Después acomodó a su tropa en la “casa” de Dinora, la mujer de Somoza, que tenía un verdadero latifundio en el centro de la ciudad.

Terminada esta fase empezó una carrera de locos para recuperar el arsenal de la dictadura, que estaba diseminado por todas partes e incluso en el fondo del lago. Manuel y sus hombres extrajeron de las aguas ocho baterías de lanzacohetes, mientras los oficiales impartían clases las 24 horas del día y de la noche. Con una velocidad de relámpago --al cabo de 90 jornadas-- este grupo de oficiciales chilenos, cubanos y nicaragüences organizó una parada militar con 5.000 efectivos en la plaza de la Revolución (que obligó al gobierno de Estados Unidos a dialogar con el Frente Sandinista).

Manuel fue designado asesor permanente de Joaquín Cuadra (actual comandante del ejército de Nicaragüa). Para Manuel había terminado la derrota de La Moneda. Siete años después de aquel desastre, había logrado darle la vuelta a su propio destino, acariciando la victoria.

                                                                                                             JUAN

Mientras ocurrían estos hechos (bastante lejos de alli, en la frontera sur de Bélgica) el otro sobreviviente de La Moneda, Juan Osses, conseguía entrar clandestinamente a Francia atravesando los patios de varias casas de campo con la ayuda de un grupo de amigos franceses.

Después del combate de La Moneda, Juan fue llevado al regimiento Tacna como prisionero. Esa misma noche, por casualidad, fue trasladado a otra celda y más tarde al Estadio Nacional, sin saber por qué.

Estaba doblemente traumatizado porque, además, por casualidad, la misma fecha del golpe era el día de su matrimonio. Lo primero que hizo, cuando salió del estadio, fue tomar un taxi para encontrar a su novia. En pocas horas convocó a las dos familias y reunió a algunos amigos para celebrar la ceremonia (como si nada grave estuviera pasando).

Después tomó contacto con la Resistencia y organizó varios sabotajes contra la dictadura. Pero la situación era caótica y su partido le ordenó detenerse y reservar su vida para tiempos mejores. Pidió asilo en la embajada de Alemania Federal y casi sin darse cuenta llegó a la RFA. Después pasó a la Alemania comunista y se estableció en Leipzig. Su esposa llegó algunos meses después embarazada su primera hija, Andrea.

A pesar de estar fuera de peligro, por primera vez en su vida se sintió desorientado y casi no hablaba. Salía a correr todas las mañanas atravesando los bosques de Leipzig hasta que lentamente su cabeza empezó a ponerse en orden… El deporte era su gran pasión después de la política. Decidió por lo tanto cursar estudios universitarios en Ciencias del Deporte. Años más tarde obtuvo el doctorado.

Pero se aburría y encontraba que su vida había llegado a un punto muerto. Quiso entrar a Chile para formar parte de la Resistencia. Sin embargo su proyecto fue rechazado por los jefes chilenos. Al contrario, fue enviado a París para organizar un taller clandestino para la fabricación de pasaportes.

Juan creó una pequeña red de laboratorios clandestinos en Luxenburgo, Bruselas y París, para fabricar pasaportes destinados a los combatientes que volvían a Santiago. Se movía a pie por estas tres ciudades sin utilizar coches ni otro medio de transporte. Asi conoció París --a pie--, manzana por manzana, abriendo los “canales de paso” hacia Chile.

Al cabo de un tiempo sufría una impaciencia que era imposible de controlar. Desobedeciendo a sus jefes chilenos --que seguían sin ponerse de acuerdo en sus planes-- Juan tomó un avión por su cuenta y volvió a Chile, en 1983, y se puso al frente de un comando armado para efectuar distintas operaciones.

Organizó dos escuelas de cuadros y pequeñas estructuras de combate. En 1985, y con la ayuda de otros partidos, creó la “Escuela Nacional Salvador Allende” en un pueblo de la costa. Sin embargo la escuela fue detectada por el servicio de inteligencia de Pinochet (CNI) y fue desmantelada.

Juan fue torturado con choques eléctricos (y otras formas de tortura) sin que pudieran sacarle información. Estuvo preso tres años en una cárcel de alta seguridad en Valparaíso. Hizo varias huelgas de hambre, editó un periódico clandestino y puso en marcha otra escuela de educación política (“Escuela Ideológica Salvador Allende”) que funcionó en la celda 445 del penal durante ocho meses. Gracias a un milagro y una intensa presión internacional --en julio de 1987-- Alemania le reclamó por segunda vez y… ¡llegó a Berlín otra vez!

                                                                                                      MANUEL

Más o menos en esas mismas fechas, Manuel Cortés iniciaba en Nicaragüa el camino contrario. Se introdujo en Chile de modo clandestino para hacer determinadas operaciones armadas y al mismo tiempo para observar con sus propios ojos lo que estaba pasando. En poco tiempo se dió cuenta de que la antigua “situación prerrevolucionaria” (que él creía dormida pero latente) había terminado y no quedaban ni rastros de ella. La mayoría de la gente estaba por la “salida negociada”.

Después de cumplir algunas tareas, regresó a Nicaragüa para recoger a su familia. Se instaló en La Paz, la capital de Bolivia, al frente de un taller de coches. Allí pudo reunir una cantidad de dinero suficiente para volver de modo legal a Chile. Mientras tanto, en Santiago se organizó un Plebiscito (en 1989) que obligó a Pinochet a abandonar la jefatura del estado. Y un año más tarde se produjeron las primeras elecciones democráticas.

                                                                                                          JUAN

Durante este mismo tiempo, en forma paralela, Juan Osses entró y salió varias veces del país. Trató de crear un nuevo partido político con sus viejos camaradas: el MIDA, “Movimiento Independiente Allendista”.

“Pero nos dimos cuenta que no iba a servir para nada”, reconoció casi enseguida. Y lo disolvieron.

Juan abandonó las armas y su activismo político. Convalidó sus estudios deportivos. Ganó tres concursos como profesor de educación física. En el 1994 fue nombrado entrenador de la selección chilena de canotaje y kayaks. Obtuvo una medalla de bronce en Brasil.

                                                                                                      MANUEL

Manuel Cortés abrió un taller mecánico en Santiago, en sociedad con otro escolta. El taller se llama “Mecánica de Chile”. En sus oficinas se reunen los otros sobrevivientes del palacio de La Moneda: ocho veteranos muy buenos para la conversación y el vino tinto. Como viejos lobos de mar, sin puerto ni barco, eran un grupo de  individuos solitarios en el Chile moderno.

                                                                                                      EPILOGO

Mientras Juan y Manuel lucharon y vivieron (codo a codo con sus viejos compañeros), todo se fue derrumbando a su alrededor. La Nicaragüa revolucionaria perdió las elecciones y Cuba se arruinó económicamente. La Unión Soviética y el campo socialista se desintegró. No era el “fin de la historia”, pero era el “fin de una cierta idea de la historia”.

Sin embargo, cuando estos hombres parecían deshauciados y sin destino, empezaron a pasar otros acontecimientos que los empujaron otra vez hacia otra forma de combate. Primero aparecieron los universitarios que hacían tesis sobre Salvador Allende y la Unidad Popular, que vinieron a pedirles  ayuda. Más tarde llegaron los corresponsales extranjeros que buscaban puntos de vista originales. Luego aparecieron los políticos reciclados. Después llegaron  los periodistas que escribían textos sobre “el problema militar”, etc.

En su mayoría fueron llamados por el juez Baltasar Garzón para testificar en Madrid las violaciones a los derechos humanos cometidos por Pinochet. Durante años, fueron asesores del Instituto Médico Legal de Santiago, que identificó poco a poco los cuerpos de todos sus amigos --los ex combatientes de La Moneda-- y de otros cientos de “desaparecidos”, ayudando a restablecer la verdad.

Finalmente, la detención de Pinochet en Londres dejó al desnudo --por primera vez--, que la transición chilena fue un arreglo entre los políticos y los militares… Juan y Manuel (que ya conocían esta hisoria), saben que ahora no están solos, que la aventura que emprendieron se repetirá de muchas maneras, que los días junto a Salvador Allende crecerán con el paso del tiempo.  

                                                                                                             FIN

© PG. 1 de agosto de 2001