10) PEDAZOS DE VIDA

PEDAZOS  DE  VIDA

El valor de la «copia de trabajo” en el cine documental


Hace poco, en plena noche, mientras yo estaba montando un documental en una sala estrecha y oscura, un joven colega me pidió auxilio desde otra la sala donde él estaba montando una película sobre “el gran norte” de su país, Québec, en el Canadá. Mi amigo tenía algunas dificultades de síntesis. Había filmado durante 6 meses y había acumulado una montaña de material.

Al observar los copiones, mi colega estaba muy consciente de la calidad de su trabajo. Pero no encontraba todavía la manera de unir las imágenes alrededor de la historia que marcaba el guión que él mismo había escrito. Cuando él me «narraba» con su propia voz los copiones por separado (que íbamos viendo en la moviola) a mi me parecían muy atractivos y eran como cortometrajes independientes. En realidad, delante de mi, en el silencio de la sala, empezaron a aparecer varios documentales autónomos cuya calidad era imposibles de conservar a la hora de empezar a cortarlos y meterlos en una sola película. Era un problema sin solución. No sólo había muchos filmes aislados, sin conexión entre sí, sino que además ninguno de ellos se dejaba manipular sin perder coherencia. Eran pequeñas obras separadas.

Este problema, sin embargo, no se debía a su falta de experiencia (ni tampoco a sus ambiciones). Por el contrario, esto nos pasa a todos. Es un problema común que se repite con frecuencia. El estaba sufriendo en carne propia una frustración colectiva.

Es decir, a veces, constatamos que la energía, la fuerza, la unidad de un tema documental , no se deja «tocar» libremente.

Hay innumerables situaciones que contienen su propia dinámica, su propio tempo, que no toleran para nada las tijeras y que desbordan el proyecto original. Repetidamente, lo mejor de nuestro trabajo desaparece en los grandes cestos de «descartes».

¿Entonces, por qué no organizar la exhibición de “copiones” de películas sin montar? ¿Por qué no mostrar «la médula» de algunas imágenes en estado bruto? ¿Por qué no mostrar algunos trozos de obras inconclusas con la ayuda del mismo autor --quién mejor que él-- delante del público? ¿No son precisamente para esto  los festivales?


ALGUNOS ANTECEDENTES

En el 6º Festival Internacional de Marseille  («Vue sur le Docs»), en junio de 1995, el famoso documentalista Jean Rouch presentó algunas de sus primeras obras en el marco de una Retrospectiva. No se conformó con introducir cada filme desde el escenario sino que también pidió un micrófono en la mano y desde su misma butaca hacía observaciones cada cierto tiempo para explicar una determinada imagen. El resultado fue realmente atractivo: la voz de Rouch se convirtió en otro agente narrativo que podía alterar o modificar la proyección (y no porque Rouch fuera un cineasta genial, sino porque algunas imágenes documentales pueden interpretarse cada vez que se proyectan de una manera distinta, como ocurre con algunos géneros musicales).

Otro ejemplo:

Hace tiempo, el canal franco-alemán ARTE ofrecía un programa original que se llamaba «BRUT»[1] (que también significa «copión» en francés) donde se mostraban situaciones muy diversas de la actualidad con la ayuda de un solo plano, muy largo, casi siempre, desde un único emplazamiento de cámara. El resultado era un programa «magazine» (como tantos otros) pero sólo con PLANOS SECUENCIAS que ofrecían mayor credibilidad que varios pequeños documentales sobre el tema. Así pues, el resultado es que «BRUT» era un homenaje al copión, es decir, a la materia prima.

A veces, para experimentar, por pura diversión, algunos cineastas filmamos planos sueltos, sin tener claro para qué los hacemos (ahora mucho más con las cámaras nuevas de video) con una libertad superior que en un rodaje «normal». Estos materiales sueltos, así como algunas secuencias de fimes inconclusos, inacabados, constituyen un material de primera mano para una mesa redonda.

Un pedazo de cine documental en estado bruto, con la narración de su propio autor, puede revelar métodos y tácticas de rodaje nuevos, y puede descubrir otra faceta del lenguaje. En todo caso movilizará la reflexión en torno al género y estoy seguro de que despertará la curiosidad del público de un festival.

En Chile, en el año 1998, organizamos con entusiasmo una proyección de « Documentales Inacabados » en el Festival de Santiago (FIDOCS). Invitamos a tres directores para la exhibición de sus materiales brutos que tenían una fuerza enorme. Esperamos al público casi media hora antes de empezar. Y para nuestra sorpresa no llegó nadie (absolutamente nadie) excepto nosotros mismos y los autores. Tuvimos que proyectar nuestros copiones para nosotros mismos.

                                                    

PG.
Madrid. 07.02.98.



[1] «BRUT», magazine documentaire  (revista documental) de Claire Doitriaux y Paul Ouazan, producido por La Sept Video (1987, 1998), de 26 minutos cada uno.